Las
mujeres de esta orilla del Caribe, hemos sido las primeras defensoras de una
democracia que vimos amenazada desde que el de Sabaneta asomó la garra
aquel 4 de febrero. Fuimos nosotras las que primero plantamos cara al déspota,
y le copiamos su frasecita infeliz, para decirle: Chávez te vamos a dar lo
tuyo...Y
miren que se lo hemos dado...
Mucha
estima no nos debe tener el Tropero bravucón, hemos desnudadoun proceso que no llega sino a templete, donde los peores
saltimbanquis asumen roles protagónicos y en lo concerniente a las
“Estrellas” femeninas de esta rovolución, es de vergüenza la
representación: Lina Ron, estereotipo del chavismo puro,una vandálica sociópata acorde al elemento masculino del
“Proceso” donde son señores Gouveia el verdugo de los sueños de Keyla
y de Josefina, caídas en esta Plaza y a las que nunca jamás olvidaremos.
Adina
Bastidas una delincuente asaltante de ancianas, la Comandante Foforito y
Cilia Flores por las que valdría guardar un minuto de silencio ya que son
fantasmas de una pesadilla que está por terminar...
Una
pesadilla que pretende degradarnos, fomentando la mendicidad. Un desastre
donde la dignidad de la mujer venezolana les acosa, les amenaza, les
tambalea. De allí la insistencia de crear elementos de engaño y
envilecimiento comoeso llamado Banco de la Mujer, comodín de un proceso
devastador de dignidades para repartir pellejos y mendrugos a una corte cada
vez más harapienta a la que el tropero mandante, el vasallo de Fidel Castro
les grita: “para que salgan de abajo...” en el mismo tono irrespetuoso
que ofrecía, cuando aún eran pareja, “darle lo suyo” a la desaparecida
Primera Dama, quien como es estilo de esta revolución copia al carbón de
la cubana, “Mujer no debe robarle cámara al único protagonista...”
Sintetizando
la Robolución bolivariana (¡Pobre Libertador!) poco muestra en lo
concerniente a presencia femenina en la escena política del “Proceso”,
bastante menos en desarrollos igualitarios: Zafias, felicitadoras, médicas
rumberas en cuanto templete montan, indigentes como arroz y una primerísima
borrada y silenciada contrasta con la otra Venezuela, la de unas mujeres que
como dice Carlos Alberto Montaner: “Cuando
Chávez sea historia antigua --tal vez pronto-- habrá que evaluar el papel
de seis mujeres periodistas en esta batalla de la sociedad civil
contra el estado. Chapeau ante estas mujeres aguerridas e
incansables...”
Dice
también Montaner
“¡Dios mío!Contra
esa media docena de mujeres no hay quien pueda. Chávez --y eso se verá--
no pudo." ... Yo aquí frente a esta presencia femenina que no
ha dejado de apoyar ni un día la Plaza de la Dignidad, plaza regada con
sangre de mujeres mártires, tengo que decir que no son seis mujeres
periodistas, son millones de mujeres de todas las edades, todas los colores
y credos pero con un sólo pensamiento: Rescatar a Venezuela para la
Libertad y la Democracia. Por el mundo ya todos hablan de un tipo de mujer
que no conoce el miedo, no conoce el descanso, no conoce la cobardía cuando
la patria, como un niño amenazado pide nuestra protección. Por el mundo,
cuando se dice Venezolana se piensa en el valor.
Altamira 10 de marzo de
2003
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