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Publicado el 22  de abril de 2000 en El Nuevo Herald
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Nieve Rodríguez muestra un crucifijo y una foto de Elián cerca de la casa del niño balsero.
El fervor religioso aumenta entre los manifestantes frente a la casa de Elián
 
por Alejandra  Matus

 
Mujeres vestidas de luto entonaban un cántico: "Protege a este niño, Señor...'' y, apenas protegidas del inclemente sol por delgadas sombrillas, gritaban: "¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen del Pobre!, ¡Viva la Santísima Trinidad!, ¡Viva Cuba Libre!'' frente a un crucifijo que se transformó en altar.
 
Los asistentes se inclinaban ante la figura de yeso, se persignaban y le besaban los pies. Varios de ellos hicieron ayuno y prometieron no comer carne hasta el domingo. A escasa distancia, Antonio Albanés y Gómez, un cubano que vive en Cayo Hueso, anunciaba que se quedaría los tres días de Semana Santa, según el calendario católico, amarrado a una cruz de madera.
 
La llegada del Viernes Santo en la tradición cristiana y la inminencia de una acción policial por parte del gobierno federal para transferir el niño Elián González a su padre, fue un nuevo aliciente para el fervor religioso que se ha manifestado entre la multitud que desea su permanencia en Estados Unidos.
 
El protagonismo de entidades y personalidades religiosas ha sido una constante durante todo el desarrollo del caso: desde la creencia de que la supervivencia de Elián González se debió a un milagro, a la recaudación de fondos para pagar la defensa de Juan Miguel González asumida por la agencia de activismo social de la Iglesia Metodista Unificada, y los papeles mediadores que han realizado en polos opuestos el Concejo Mundial de Iglesias y la monja Jeanne O'Laughlin.
El escenario no es diferente en la cuadra donde viven los González. Sacerdotes católicos y pastores protestantes de Miami han unido sus esfuerzos para infundir esperanza a la multitud que se reúne diariamente portando rosarios, fotografías y carteles con alusiones religiosas, como la que mostraba Nieves Rodríguez: "Para Dios no hay nada imposible''.
María Ester Fernández, quien ha estado dirigiendo las oraciones, quiere contar un episodio que le ocurrió a ella y a su esposo:
 
"Cuando salíamos de leer el Rosario de la Misericordia en Saint Dominique'' el jueves pasado, a las 3:15 p.m., una poco más de una hora después de que venciera el ultimátum dado por la secretaria de Justicia a Lázaro González, se encontró con una "señora que va todos los días a misa'', a quien respeta como una persona seria. Esta mujer se le acercó con los ojos bañados en lágrimas y le narró haber visto el día anterior la imagen de "una virgen con un niño en los brazos'', flanqueada por "dos delfines gigantescos''. Quienes le oían no se inmutaron. Han oído numerosas narraciones como esa en estos días y las creen a pie juntillas.
 
"Sigamos rezando para que Elián se quede, porque Dios lo quiere'', les invitó Fernández.
 
En conversación con El Nuevo Herald, ella subrayó: "Así como Cristo murió por nosotros y al tercer día resucitó, así el pueblo cubano va a resucitar''.
 
Dijo que rezaba para que "Dios le ablande el corazón a Clinto y a Reno'', y que, si los agentes federales se presentaran allí, acatará "la voluntad de Dios''.
 
Y añadió: "Aunque al niño se lo lleven, esto es cosa de Dios. Algún propósito tiene Dios para él, que sólo él sabe. Tal vez sea que provoque la caída de Fidel''.
 
*Nuestro agradecimiento al Nuevo Herald
 
 
* 21 de Noviembre de 1999 -- 14 personan se embarcan en una lancha de 17 pies por 20 y zarpan de Cárdenas, al norte de Cuba. El viaje fue organizado por Lázaro Munero, quien viaja acompañado por su novia, Elizabeth Brotons Rodríguez, de 28 años, y su hijo Elián. El bote sufre una avería a los tres días de travesía y se hunde. Siete miembros del grupo se ahogan en el incidente y el resto se aferra a piezas sueltas para sobrevivir. Sin embargo, a medida que pasan las horas, el agotamiento y la deshidratación hace que varios suelten los flotadores y se ahoguen, entre ellos Elizabeth Brotons.
 
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