Miami
(AIPE)- Arrastrándose por la noche, con máscaras negras e instrumentos de
muerte en las manos, parecían delincuentes.
A
patadas quebraron las puertas de una humilde casa, entraron como guardias
fascistas, masticando insultos y apretando armas contra los indefensos
familiares que pretendían proteger al niño escondido en un clóset. Los
delincuentes lo empujaron fuera, mientras el niño lloraba y gritaba.
Parecían
delincuentes, pero eran hombres de la ley. Venían a cumplir órdenes de la
Secretaria de Justicia y del Presidente de Estados Unidos. Dos figuras
notorias por su inmaculado respeto a las leyes. No hace mucho, el presidente
liberó a una decena de “terroristas” puertorriqueños, condenados
legalmente, para quizás ganar votos para Hillary.
La
ley se torció en favor de una interesada “compasión”. Quizás en
silenciosa protesta, este año ni un solo miembro del Tribunal Supremo
asistió al Mensaje Anual del Presidente. Unos años antes, los niños de
Waco habían conocido la flameante justicia de Reno.
La
operación nocturna fue un éxito vergonzoso. La lucha era entre el
presidente más poderoso del mundo y un niño protegido por una apasionada y
desarmada minoría. El gobierno, además, podía inventar argumentos y crear
personajes, como ese psiquiatra que no es psiquiatra pero que asombró al
mundo cuando, después de observar dos videos de Elián, diagnosticó que al
niño estar con su familia en Miami le producía angustia. La prensa
americana hizo resonar tal falacia como si fuera hecho comprobado. La mejor
fórmula para restablecer el equilibrio mental de un niño que conoció la
tragedia y se está recuperando en una casa rodeado de amor, es sacarlo a
patadas, empujar a sus familiares y llevarlo a los brazos de un padre que
desde el principio no había movido un dedo para venir a buscarlo.
Lo
primero que hizo ese amoroso padre es aislar a Elián de su otra familia.
Los enmascarados agentes de la ley no se atrevieron a llevar al padre a
Miami, pero destruyeron un hogar y quebraron la ley para ofrendarle el niño
a ese padre en Washington. Por segunda vez Elián queda huérfano.
El
padre está protegido por el gran violador de derechos humanos que manda en
Cuba, y en Washington nadie tiene el coraje de enfrentarse a ese violador.
Una vez que padre e hijo lleguen a la isla, el padre quedará reducido a
cero. Para el presidente y para Reno eso es un dato sin importancia. Ellos
proclaman que conocen la ley y la ley es clara. Cuando Fidel Castro pide
algo hay que complacerlo rápidamente, no importa cuál sea el precio.
Aunque haya que establecer el peligroso precedente de usar la abrumadora
fuerza del estado para violar un hogar, secuestrar a un niño, quebrar la
voluntad de un grupo que sólo pide justicia y demostrar que, cuando
conviene, también aquí saben violar los derechos humanos.
Por
eso lo que más duele es la hipocresía. “La ley hay que cumplirla“. Si
esa ley fuera tan nítida, ¿por qué el presidente, con su usual habilidad,
evadió la responsabilidad de dar la orden de asaltar la casa y se marchó
sin contestar preguntas? ¿Y por qué Janet Reno llegó a la trágica
ridiculez de afirmar que no hubo en realidad fuerza porque los dedos de los
guardias no estaban apoyados en los gatillos. ¡Por Dios! ¿Cuánto tarda un
dedo en moverse hacia el gatillo? ¿Y quién, en la oscuridad, sintiendo una
pistola en la frente, se va a fijar en el gatillo? Rompiendo todos los
cauces legales, el abogado del padre de Elián, Gregory Craig, quien también
es abogado de Clinton, le pidió a la prensa que no publicara las escenas
que muestran la violencia física que se usó en casa de Elián. ¡Qué gran
respeto por la ley y la libertad de expresión!
Ahora
comienza el tercer acto, no el final, de la hipócrita tragedia a que han
sometido a Elián. Ahora, quizás veremos cómo los guardias en Washington
un día se desaparecen o se distraen, y, en un momento de amor, alguien
consigue un avión y el padre se lleva al hijo a Cuba para que Castro
disfrute la gloria de haber liberado a Elián de los venenosos brazos del
imperialismo. Y después llegará lo más terrible: la purificación de Elián
de los conceptos capitalistas que le han inyectado en Miami. Comenzando por
demostrarle que su pobre madre era una “traidora” a la revolución.
Acaso
cuando veamos la foto de Elián vestido de “pionero del socialismo”, con
la estólida expresión de los que sufren, la noble prensa americana que
todo le perdona a Fidel, que no ha cesado de inundar a Miami con calumnias
sobre los exiliados, ni le ha informado al pueblo americano la verdad de lo
que está pasando, proclame que se ha logrado el objetivo buscado y que Elián
está feliz. Seguramente que los disturbios que ocurran en Miami serán
atribuidos a los exiliados.
Pero
estoy seguro de que miles de personas, las que aman la justicia y la
libertad, las que sufren cuando se abusa de cualquier ciudadano, las que
conocen lo que es vivir bajo un dictador totalitario, siempre recordarán y
denunciarán la infamia que se ha cometido ahora en Miami, lucharán contra
ella e insertarán ese recuerdo en el “legado” que el presidente William
Jefferson Clinton pretende dejarle al pueblo norteamericano.