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La tragedia de Elián
Por Miguel Posada*
 

Bogotá (AIPE)- 
Todo indica que el balserito cubano, Elián González, será devuelto a Cuba con su padre. De esa isla salió con su madre, quien estuvo dispuesta a correr enormes riesgos por lograr, junto con su hijo, la libertad. Ella pagó el mas alto precio que se puede pagar por la libertad, pero a su hijo, que sobrevivió de milagro, le será negada la posibilidad de vivir en un país libre. 
 
El asunto de Elián no es tan sencillo como lo pintan quienes afirman que se debe hacer con él la voluntad de su padre. La voluntad de su madre fue claramente otra. Pero el niño volverá a un país que soporta la dictadura más larga del continente y también la mas absoluta. La actitud del gobierno Clinton no obedece a algún precedente jurídico bien establecido. Elián no es el primer menor de edad que llega solo a Estados Unidos. En los años 60, cuando se vio que el castrismo iba a ser un sistema absolutista y brutal, familias cubanas enviaron a 14 mil niños bajo el programa Pedro Pan porque la nueva constitución castrista los había despojado de la patria potestad. Conocí a varios de esos niños. En muchos casos los padres no pudieron salir nunca. Alrededor de la prisión en que Castro convirtió a la más bella isla del Caribe, no hay un muro. No es posible construirlo ni es necesario, porque escapar de allí no es fácil. Hay que cruzar el estrecho de la Florida, aguas muy peligrosas.
            
Que fácilmente han olvidado muchos en Estados Unidos el muro de Berlín, o lo que representa la libertad. Lo que pasa es que cuando se goza de ella no se entiende el significado de no tenerla. Clinton y la señora Janet Reno, nunca han vivido bajo una dictadura. Si por ellos fuera, habrían restablecido hace rato las relaciones con La Habana. Tampoco entienden ese régimen quienes viajan como turistas a la isla. Allí ven una fachada de grandes hoteles y gozan de las lindas playas. Y ningún cubano se atreve a hablar mal del régimen si hay otro presente. El sistema de control a la disidencia se fundamenta en la delación de unos a otros. Quien delata es premiado, y el castigo para el delatado es sencillo. En Cuba el gobierno controla todo el empleo y ni los hoteles de propiedad extranjera pueden contratar personas distintas a las que indique el gobierno. El castigo para el disidente es la pérdida del empleo, sin posibilidad de conseguir otro.
 
Yo fui a Cuba, y me ocupé, con mi hija, también periodista, de hablar con decenas de cubanos sin que hubiera otro presente. Es esencial para el periodista saber preguntar. Y aunque no fue fácil ganar la confianza de los interlocutores, lo logramos en la mayoría de los casos y lo que sienten y cuentan es bien distinto al “disco” oficial que todos tienen que tener bien grabado. El problema no es sólo la escasez de alimentos y comodidades, le dicen a uno, porque a eso ya están acostumbrados. El sentimiento que más impresiona es que existe un profundo resentimiento hacia un régimen que todo lo domina y todo lo decide. El cuento de la igualdad tampoco es cierto. Una es la vida del cubano común y otra bien diferente la de los “manda más” del partido y del gobierno.
 
Es allí, en ese “paraíso” donde vivirá Elián. Tendrá que pensar y decir lo que el régimen exige, estudiar lo que decidan “ellos”, como dicen los cubanos, y trabajar en lo que le ordenen. Tendrá que llenar un formulario de solicitud para poder comprar una bicicleta y sólo la tendrá si “ellos” consideran que es conveniente, así tenga el dinero para comprar una de esas “maravillas” chinas que, aunque pésimas, son las únicas disponibles. No podrá moverse de un pueblo a otro sin pedir permiso, y decir por qué quiere viajar. 
 
Toda la vida se sentirá vigilado por sus vecinos y si lo que piensa o dice no es suficientemente “revolucionario” y no delata a nadie, quedará relegado a un trabajo en el escalón más bajo del sistema.
El señor Clinton y la señora Reno no le están devolviendo el niño a su padre. No es él quien tendrá la tutela real del niño, serán “ellos”. Se lo están devolviendo al tenebroso dictador, asesino de millares para consolidar su mandato y para mantenerlo.

De todo eso huía la madre de Elián, y a todo eso lo está devolviendo el gobierno Clinton.  
 
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* Director del Centro de Análisis Sociopolíticos.
                                                                                             
 
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