En
las bodas españolas es frecuente oír a los asistentes jalear a los novios
con gritos de "que se besen, que se besen".
Después
de la salvaje irrupción de los Rambos de Clinton y Janet Reno en
casa de los González para llevarse por la fuerza a un niño de seis
años, sólo falta que el inquilino de la Casa Blancaacuda
a
La Habana para entregárselo personalmente a Fidel Castro y
fundirse con él en un cariñoso abrazo, besándole como los dirigentes
comunistas de Europa Oriental solían besar Khruschev o Breznev.
El
presidente estadounidense y su ministra de Justicia han rizado el
rizo de la arrogancia estatal frente a una familia de ciudadanos
estadounidenses que en todo momento han actuado con la ley en la
mano para evitar que Elián González fuera entregado a un
padre
a
todas luces sujeto a los designios del régimen comunista de Cuba, en
flagrante vulneración de los deseos de la madre (que dio su vida
precisamente para que el niño creciera lejos de la isla-prisión del
Caribe).
En la actuación brutal y
desesperada de los agentes al mando de Reno no ha pesado el interés del niño
sino la arrogancia política de un gobierno que se sentía ridiculizado por
una humilde familia de cubanoamericanos. El padre podía haber acudido a
visitar e incluso a recoger a su hijo en cualquier momento sin necesidad de
que nadie rompiera puertas ni encañonara a ciudadanos inocentes, pero se lo
impedía la estricta presión que sobre él ejerce el régimen cubano, y tal
vez un grado nada despreciable de adoctrinamiento ideológico, similar a la
programación psicológica de las sectas psicodestructivas.
Ese régimen ha ganado una
batalla crucial de esta guerra mediática por la custodia del niño balsero,
y ahora tiene una medalla más que ponerse y un nuevo motivo de orgullo en
su resistencia fanática contra el "imperialismo yanqui". Ahora
falta ver si el gobierno Clinton, que tanto celo ha puesto en que se
cumpliera la decisión que retiraba la tutela provisional sobre Elián a su
tío, pondrá el mismo empeño en que se cumpla también la resolución
judicial que impide al niño salir de los Estados Unidos. Si no es así, la
memoria de su madre habrá quedado mancillada; el Estado de Derecho
norteamericano, prostituido; una familia cubana que un día creyó encontrar
en la Florida la libertad, dolorosamente desengañada; y la repugnante
dictadura de Fidel Castro, fortalecida.
Washington le ha dado una
bofetada a cientos de miles de ciudadanos de origen cubano y a su influyente
lobby. Que no espere el vicepresidente Gore apoyo alguno de esa comunidad en
su carrera hacia la Casa Blanca. Sabíamos que Clinton había sustituido los
valores y principios tradicionales de su país —libertad de intercambio,
igualdad de derechos y Justicia imparcial— por una preocupante alianza con
sus amigos neosocialdemócratas de la Tercera Vía, Tony Blair y Gerhard
Schroeder. Ahora sabemos que sus veleidades izquierdistas van más allá,
hasta el punto de simpatizar con el peor tirano que queda en el continente
americano y darle balones de oxígeno como éste en pleno año 2000. Mala
noticia para cuantos aún creen en la democracia y la libertad.