Hace un par de semanas,
Armando Valladares, el ex preso político, encarcelado a los 22 años por el
régimen castrista, habló en la Universidad de Duke. Según publicó el
periódico de los estudiantes de esa universidad, The
Chronicle, “Dijo que mientras dormía le arrojaban en la cara orina y
excrementos de otros prisioneros. Mostró las cicatrices en sus manos de
mordidas de ratas. Describió el hongo que le crecía por todo el cuerpo
hasta los ojos y cómo trataba de lanzar los alimentos directamente a su
boca, para no tocarlos con sus manos infectadas. Contó la ocasión en que
un guardia saltó sobre su pierna quebrada y aseguró no ser la excepción,
sino que miles tienen relatos más dramáticos”.
El
Sr. Valladares estuvo 22 años preso en Cuba porque se negó a poner un
cartelito sobre su escritorio diciendo que apoyaba al gobierno comunista. El
juez que lo mandó a la cárcel leía historietas cómicas durante el
juicio, con los pies montados sobre la mesa y condenó a Valladares a 30 años.
Gracias a los esfuerzos de su entonces amiga –y ahora su esposa- y a la
intervención de la señora del ex presidente francés Francois Miterrand,
lo soltaron en 1982.
Que
el mismo patrón de brutalidad contra la oposición política continúa en
Cuba dos décadas más tarde lo reconocen la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Y en
eso mismo se basaba la comunidad cubana en el exilio para no entregar a Elián.
Bajo un gobierno decidido a aplastar a cualquier costo toda manifestación
de libertad, hay muy pocas posibilidades de que el padre, Juan Miguel González,
diga lo que piensa. Y aun si ese fuese el caso, regresar a Cuba no es lo
mejor para Elián.
Un
niñito de primer grado que diga haber tenido un tobogán en su
propio jardín y que los demás niños toman leche aun después de
cumplir siete años representa una gran amenaza para el barbudo
decrépito y para sus secuaces.
Por
consiguiente, será importante para Castro convertir a Elián en un
buen comunista, enemigo de Estados Unidos.
Como
la misma ley de menores cubana lo dice claramente, toda la sociedad debe
trabajar en “el desarrollo de la personalidad comunista”.
Peor
todavía, si el espíritu de libertad de Elián resulta indomable, no hay
duda que se repetirá la historia de Armando Valladares.
Según
la lista compilada por el Directorio Democrático Revolucionario Cubano y el
Grupo de Trabajo de Disidentes Internos, el número oficial de presos políticos
en Cuba es hoy de alrededor de 600.Sin
duda que hay muchos más, pero el estado acostumbra acusar de delitos a los
disidentes. Unos pocos presos fueron puestos en libertad en la ocasión de
la visita papal de 1998; la mayoría de ellos eran delincuentes comunes, según
el Comité de Madres y Familiaresde
Presos Políticos Cubanos. Desde la visita de Juan Pablo II, Castro ha
endurecido su posición frente a la iglesia y las procesiones de esta Semana
Santa fueron canceladas.
La
carta escrita en 1998 a Castro por el preso Bernardo Arévalo Padrón
demuestra que nada ha cambiado desde que soltaron a Valladares: “Hay
muchos piojos que se alimentan de nuestra sangre, muchos presos duermen en
el suelo, sin colchón o siquiera una tabla, y hay una plaga de roedores que
nos infectan de enfermedades. Mientras tanto, los abusos físicos por parte
de la oficialidad siguen igual y, además, los militares nos roban los
alimentos que nuestros familiares nos traen los días de visita”.
Entre
las actuales grandes enemigas del estado cubano está Maritza Lugo Fernández,
de 36 años, casada y madres de dos hijas, de 7 y 15 años, presa desde
diciembre, a la espera de ser enjuiciada por desorden público. Ella es una
amenaza por sus extraordinarias habilidades organizativas, por su carisma
personal y ferviente dedicación a la sociedad civil cubana. Antes de ser
encarcelada, hacía reuniones en su casa, atrayendo hasta 70 personas para
tratar de solucionar problemas tales como la falta de leche y demás
alimentos y para discusiones políticas.
Su
esposo fue encarcelado en 1995 por ayudar a organizar el Comité de Madres y
Familiaresde Presos Políticos
Cubanos. Y justo antes de la celebración en La Habana de la Cumbre
Iberoamericana en noviembre, organizó una reunión de ONGs en pos de una
coalición de oposición más amplia. Que las dos hijas del matrimonio estén
sin sus padres, no parece importarle mucho a Fidel Castro ni a su otro yo,
Janet Reno.
Cuando
Maritza Lugo fue arrestada, la internaron en una celda con dos pacientes
mentales. Luego la mudaron al notorio centro de alta seguridad Vía Marista,
lugar conocido por sus celdas heladas y potente iluminación, tapaojos y demás
tácticas salvajes para quebrar sicológicamente a los presos. Su familia
logra verla por 10 minutos cada semana y temen que está siendo drogada. Católica
devota, se le prohíbe la visita de algún sacerdote.
Para
lograr ser puesto en libertad, Valladares cuenta que era necesario declarar:
“toda mi vida ha sido un error. Dios no existe. Quiero que me den la
oportunidad de formar parte de la comunidad comunista”. Añade que de 80
mil individuos encarcelados por Castro por ofensas políticas en los últimos
40 años, a unos 70 mil lograron doblegar. Eso quiere decir que unos 10 mil
han pagado un inmenso precio por rehusar renunciar a la verdad. Se trata de
gente increíblemente valiente y al igual que Armando Valladares prefieren
tan horribles sufrimientos a la humillación de capitular ante Fidel Castro.
“Para
mí hubiera significado un suicidio espiritual... nunca perdí mi libertad.
Libertad no es el espacio donde puedes caminar. Hay muchos en Cuba que
tienen espacio para caminar, pero que no son libres”.