editorialdiciembre2000

Diciembre 2000
 
¿Qué hay en La Habana?
Por Eleonora Bruzual
 
Este Editorial de nuestra revista, el último diciembre del Siglo XX, lo voy a construir en base a un artículo que escribí con motivo de una declaración del Verdugo de Cuba, en la oportunidad de recorrer junto a su alumno, el “DictaPresi” (especie nacida del cruce entre dictador y presidente electo) de Venezuela, algunas barriadas populares de Caracas, cuando visito nuestro país a los fines de venir a buscar el petróleo que siendo del pueblo venezolano, un populista abusivo y disponedor, ha decidido regalarle para que con él, pueda prolongar unos años más el terrible calvario de la tierra de José Martí.
 

Decía ese anciano cuyo rostro refleja de manera sorprendente, todo el cinismo, la manipulación y deshumanización, de quien a nombre de una Revolución, ha cometido los más terribles crímenes contra un pueblo, su identidad, su fe y su derecho inalienable al libre albedrío;
decías pues que “En La Habana no hay ranchos”, y yo reflexiono y es entonces que digo que igual que no hay ranchos, no hay otro montón de cosas más... 

No hay libertad, esperanza, futuro, ni dignidad... Allí reina un déspota que por 42 años no ha hecho otra cosa más que ahorcar a un pueblo y obligarlo a ser presa de sus intereses y sus mandatos.
Una navidad más, un tiempo en el cual para los que viven prisioneros de un déspota, y que sólo el destierro, el exilio, la aventura temeraria de lanzarse al mar en frágiles balsas, puede permitirles su derecho a celebrar fiestas que la fe y la creencia religiosa marca, y que en esa isla cárcel, hacerlo es un delito. 

Hoy esperando Navidad y también Hanukáh, esperando lo que muchos llaman poéticamente “Las luces de diciembre”, voy a escribir nuevamente sobre ese elemento vergonzante de la capacidad humana para generar dolores, tiranías, horrores...

Medito sobre que no  hay ranchos en  La Habana, y concluyo que, para qué hacer ranchos, si ese pobre pueblo se ha resignado a vivir en una promiscuidad total y un hacinamiento brutal, en derruidos edificios convertidos en sucias casas de vecindad, y en destartaladas viviendas, peores que los ranchos nuestros, y donde malviven varias generaciones de familias sin esperanza alguna de poder –alguna vez- tener un lugar que les permita privacidad.
En el feudo de Castro no hay posibilidad de información libre, y no lo habrá mientras este tirano descarado y cínico prepare –a través de métodos brutales de formación ideológica- a voceros que de niños y jóvenes sólo tienen la edad y la apariencia, y a los que embaló para su Visita Show del pasado mes de octubre a nuestro país, como bufones infelices de un Acto Cultural de escuelita rural: Esos pobres chiquillos cubanos igualitos a la niñita de la película “El exorcista”, arengando como pequeños monstruos de odio y poniéndome expectante a esperar cuando las cabezas les giraran. Ah!!!  y el otro espécimen cubano traído especialmente de la “Isla de la fantasía”, presidente de los Centros de Estudiantes hechos a la medida del dictador. En La Habana deben haber muchos otros iguales a esa “Cosa” aleccionada que vimos desde Barquisimeto, arengando enloquecido contra Internet llamándole “El maligno”, mientras que un auditórium de muchachos venezolanos nacidos en libertad se preguntaba, con esa gracia de nuestros modismos lingüísticos  ¿Y de dónde sacaron a este rolo’e loco...?  Y es que en La Habana y en toda Cuba, la Internet es de uso restringido para “Los Malignos” que pretenden a través del terror y la represión, continuar aplastando cualquier divergencia y cualquier oposición.
 
Allá no  hay Medios de Comunicación libres, ni periodistas libres, ni noticias que no sean generadas por la maquinaria oficial, por eso, este nuevo Benemérito que se estrena en Venezuela, desbaratando instituciones, aplastando divergencias, financiando movimientos desestabilizadores, organizando la destrucción de la Iglesia Católica, y ahora preparándose a crear su propia Central Obrera, sumisa a su voz y a sus deseos, ese, tan apurado siempre por irse a hacer lo que cree son  sus entradas triunfales, espada de Bolívar en mano, como si la espada que el Pueblo del Perú, regalara al Libertador, fuera de su propiedad, y cada vez que le dé la gana la usa él o se la presta a Castro, para que éste  magrée, la pertenencia de un hombre  -antitesis de lo que es este sátrapa caribeño-  que llevó libertad, independencia dignidad a un continente... Por eso a Chávez no le simpatiza el periodismo libre, y desearía ser como su mentor, y borrar a  los empresarios privados, a los colombiano decente, a los periódicos y diarios del mundo que no le ríen sus chistes malos... A los que hasta que tengamos vida haremos oposición a la barbarie del comunismo y el totalitarismo.

Dice Castro que en La Habana no hay ranchos, pero si hay en la más vieja zona de esa ciudad avejentada y arruinada,  en el Museo de La Revolución,  una caja de vidrio con control de humedad donde guardan el Granma , ese yate donde el 2 de diciembre de 1956, en la playa de las Coloradas, en el extremo suroccidental de la isla, llegó desde México, iniciando esa revolución que 42 años después no ha logrado otra cosa más que persecución, cárcel, exilio, desesperanza, pobreza, jineteras y pueblo complaciente de todo aquel que lleve divisas, divisas que jamás verán ya que sólo son para uso exclusivo del tirano. 

En La Habana las romerías y procesiones obligadas a esta caja de vidrio, condenan, junto con otros rituales impuestos,  a una adoración chocante de un  tirano que pretende hoy aquí, con su servil adulancia hacia un hombre sensible a toda exaltación y toda expresión meliflua e interesada, imponernos a nosotros venezolanos libertarios de vieja cepa, prácticas viles de jalamecatismo, induciendo ya al Centauro de Sabaneta a que comience a implantar visitas a su casa natal.
Y vendiéndole habilidosamente la idea de un posible complot internacional para eliminarlo, complot que es el mismo que según él, mentiroso compulsivo y descarado, le ha sometido a 600 atentados en su larga vida como tirano, esto es, que cada 15 días le hacen un atentado a este criminal que tiene el descaro de admitir públicamente su injerencia en los movimientos desestabilizadores de toda América Latina, y ser cómplice de miles y miles de muertos que su amor a la violencia, al irrespeto a la vida y al despotismo han causado.
 
En La Habana y en toda Cuba no hay posibilidad de desplazarse en libertad a ningún lugar, ni dentro ni fuera de la isla, y ahora el tiranosaurio ha comenzado a aconsejar veladamente un control de cambio, al arengar contra lo que el  llama “la perversión de la fuga de divisas”, e ir fomentando un cerco a la posibilidad de que los venezolanos hagamos libremente turismo, “Sugiriendo” la conveniencia de viajar a la Isla de la Fantasía y surcar el mar de la felicidad sin siquiera necesitar un dólar ya que en Cuba es de “curso legal” el bolívar, desde que se ha convertido en “La Madre Patria” de esta Repubiqueta Bolivariosa, un país en manos de lo peor , donde da hasta miedo enfermarse y ser asistido por algún petromédico fideloso de esos que nos están invadiendo día a día, como personal calificado para el “Proyecto de  cubanización”. 
Por eso yo seguiré escribiendo, mientras en mi país haya esa libertad que no hay en La Habana. 
Comentando esta película tragicómica que vivimos y cuyo director es el Ministro sin Cartera llamado Sánchez Otero, único representante diplomático acreditado en Venezuela que se le permite dar Ruedas de Prensa desde el Ministerio de Educación, y quien junto a esta reedición de las “Milicias revolucionarias”, ya está motorizando los Comités de Defensa de la Revolución y las Brigadas de Acción Rápida, en cada barriada de Caracas y de otras ciudades grandes de nuestro país. 
Ese que nos quiere convencer de que el petróleo no se lo están regalando, que lo están pagando con esa tecnología de punta que ostenta Cuba, sobre todo en el campo de la construcción de balsas, y en la cura de la drogadicción mientras se permanece dentro de la isla, recayendo y retomando el consumo con mayor fuerza no más poner pie en cualquier país medianamente libre...
La Habana no tiene ranchos, pero si tiene desde hace 42 años a un tipo que me hace preguntar: ¿Fidel, Fidel, qué tiene Fidel que los “Pecho peludos” y fracasados de solemnidad suspiran por él?.
 Y por las cosas que si tiene y padece La Habana, asomo de nuevo la cabeza, así corra el riesgo de que griten “Duro con ella...”  para referirle a tanto desmemoriado, que al Chávez odiador de la iglesia católica, habría que señalarle que si hubo una vez un Obispo con el diablo bajo la sotana, y ese fue Monseñor Pérez Cerante, quien  sacó del Hospital Militar “Cuartel Moncada”, bajo el ropaje sacerdotal al verdugo de Cuba, casado en ese tiempo con Mirtha Díaz Balart,  la hija de un alto personaje del régimen de Batista, lo que le permitió gozar de trato preferencial.
 

Por todo lo que no tiene La Habana y pretenden que  pronto no tenga mi país,  exclamo en esta última Navidad de un siglo que se muere:  ¡Oye tú Castro, qué cosa más grande haberte encontrado con un socio que a cambio de “Besitos” y adulancias cursis te está sacando las patas del barro a punta de 54.000 barriles diarios de petróleo de un Pueblo bueno y generoso como es mi pueblo venezolano, un pueblo al que le pretenden
imponer tu “brutta figura”, al que le ofrecen y no le cumplen,  mientras ve como le regalan su petróleo a un tirano vivaracho y amoral.
En La Habana no hay ranchos, no hay alegría, no hay Luces de Diciembre. En La Habana  y ahora en mi país, hay dos caraduras apurados por irse a alguna presentación internacional como la Cumbre de Panamá, que casi, como en un Show barato de esos que pasan los sábados en las TV latinas, cuando les vi, me provocó gritar:  ¡Y Por Cuba y Venezuela, el dúo Cachávez, los bárbaros del Siglo XXI !

 
En Cuba hay un niño que ya nadie recuerda, que ya no le sirve a Castro para nada y lo borró del escenario de sus comedias baratas, un niño al cual no le dejan ver y que no sabemos de su salud mental ni física. Un niño que debe recordar una navidad, hace un año, cuando gracias al sacrificio de su madre por llevarle hacía la libertad, pudo saber de risas, de caramelos, de regalos bonitos, de fe y esperanzas. Donde estés pequeño Elián, muchos somos los que rezamos por ti...

 

 
* Periodista. Editora del Web Magazine “Mujeres del Tercer Milenio”
ebruzual@cantv.net
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