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Septiembre 2001
Cuando la prensa del mundo 
se hace cómplice
 
Durban
La Nuremberg del Siglo XXI
 
Por Eleonora Bruzual
Y es eso lo que vemos en las reseñas desde Durban: Un despliegue de declaraciones de los hombres más abyectos que esclavizan, sojuzgan y martirizan a sus pueblos, y frente a una prensa complaciente y alcahueta se dan el lujo de erigirse en paladines de la defensa de los derechos humanos, la libertad y la dignidad humana.
En Sudáfrica, se ha concentrado un grupete decidido a eso que puede llamarse el “Mutuo Bombo”, y adueñándose del escenario, han pretendido borrar sus crímenes, lavar sus rostros de tiranos brutales, terroristas confesos, genocidas recurrentes y dedicarse a crear matrices de opinión y sesgo informático, aprovechando para ello a unos medios de comunicación absolutamente entregados a la manipulación más descarada.

Fue a tal extremo la comedia montada en Durban, que el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, se vio forzado, ante tan descarado protagonismo de los peores representantes del totalitarismo, a pronunciarse contrario a la focalización del conflicto Israelí/Palestino, y a su utilización para distorsionar y crear odios y predisposiciones. Al respecto declaró:  
" Inaceptable que uno o dos problemas bloqueen toda la conferencia", dando así por terminado el tema de una condena a Israel, único objetivo real de la reunión de sátrapas de la estirpe de Castro y Saddam Hussein, cuyo propósito era aplastar el derecho de existir y defenderse del Estado de Israel. Annan terminó de plano sus absurdas pretensiones cuando dijo que "ha muerto la cuestión de que sionismo es igual a racismo", recordando que las Naciones Unidas ONU adoptaron una posición oficial en 1991 cuando revocó una resolución de condena a Tel Aviv.
Castro no se da por aludido cuando se habla de discriminación y violación de derechos inalienables del hombre, como si él, el más viejo dictador en ejercicio, viejo en edad y por años de permanencia, nada tuviera que ver en el terrible destino de Cuba, una nación donde por más de 42 años se le priva a todo el pueblo a elegir libremente a sus gobernantes, sus autoridades, a salir del país, a expresarse libremente, a tener pluralidad informativa, a disentir del régimen, a organizar sindicatos, a practicar sus creencias políticas y religiosas; en fin, esa bestia totalitaria tiene la desfachatez de declarar en otra de sus interminables y cínicas intervenciones, que la conferencia es para aliviar el sufrimiento y las injusticias cometidos por "las conquistas militares, la esclavización y la explotación de los más débiles por los más poderosos" y por eso "nadie tiene derecho a sabotearla". Y me pregunto ¿Y él si tiene derecho a amordazar a todo un pueblo? ¿A obligar a los jóvenes cubanos a prostituirse en aras de una pérfida obsesión de poder que ni la edad ni los fracasos merman?

No hubo un periodista que le preguntará a Castro si no es discriminante que en Cuba los sitios turísticos, los restaurantes, las tiendas, las viviendas decentes sean exclusivas para sus procónsules y para los turistas... 
No hubo quien le mandara a callar su bocaza de tirano farsante y le gritara el dolor de miles y miles de cubanos adultos y niños, hombres y mujeres fusilados, masacrados, comidos por tiburones, hundidos por cañoneras militares y condenados al silencio y la nada por una bestia que se da el lujo de pasearse escenarios vociferando y desconociendo su crimen...  
Vergüenza y risa causa una concurrencia de borregos que aplauden al verdugo de Cuba, cuando al referirse a  Estados Unidos e Israel, sentenció: "ni mucho menos alguien tiene derecho a poner condiciones, exigir que no se hable siquiera de responsabilidad histórica e indemnización justa o sobre la forma en que decidamos calificar el horrible genocidio que en estos mismos instantes se comete contra el pueblo palestino, por parte de líderes de extrema derecha que aliados a la superpotencia hegemónica actúan en nombre de un pueblo que fue víctima de persecuciones discriminaciones e injusticia a lo largo de 2 mil años”, ese que impide que los judíos cubanos practiquen su religión, ese que se alía con ETA, con el IRA, que apoya y entrena a las FARC, ese que ha hecho de Cuba por una parte el burdel de españoles, italianos, franceses o cualquiera que lleve dólares,  y por otra el campo de entrenamiento terrorista más grande y donde todo asesino posee impunidad y solidaridad.
Escucharle decir: "lo real es que decenas de africanos fueron vendidos" y enviados al otro lado del Atlántico para trabajar como esclavos” sin que nadie le conmine a explicar el porqué robó y depredó en Angola, donde se adueñó de los tesoros del pueblo angoleño con esa su avidez de ave de presa, sin importarle los miles de jóvenes cubanos sacrificados a los fines de saciar su voracidad... Castro el tirano acusa a la única nación democrática del Medio Oriente. Castro acusa a Israel, y es esa acusación un aval, un certificado de honorabilidad para la nación judía.
Cómo es posible que un mundo cómplice permita esta nueva cómica montada por los peores perseguidores que la historia pueda reseñar, y no se revele y denuncie los horrores que Saddam Hussein ha cometido y comete contra los kurdos, o los vejámenes del  gobierno teocrático de Irán, donde los ayatolas han vertido su odio y su intolerancia contra los Bahais, contra el derecho de las mujeres a estudiar y vivir con dignidad e igualdad. ¿En Durban alguien clamó por las mujeres, los niños, los inocentes que a diario mueren torturados en Afghanistan...?
Nadie pide a Siria que explique los abusos y la persecución contra los integristas musulmanes, y que decir de Líbano, donde persiste un odio latente entre esas 19 religiones que componen el mapa confesional de lo que una vez fue considerada la Suiza del Mezzo Oriente, y hoy viene a ser uno más de esos países árabes donde la intolerancia y la barbarie son actitud cotidiana y aceptada...  
Durban pasa a la historia como la sede de la más vergonzante reunión de farsantes, de asesinos, de terroristas disfrazados de líderes nacionalistas, de verdugos de pueblos, que hicieron de ella el escenario de una de las comedias más grotescas que se hayan escenificado. Lo acontecido en Sudáfrica, ha sido magistralmente sintetizado en lo declarado por el presidente israelí, Moshé Katzav en Yeruham, en el desierto de Neguev, quien expreso al respecto:  "Los autores de estas declaraciones deberían bajar la cabeza ante Israel, que respeta los Derechos Humanos".
Durban, como una vez lo fue Nuremberg cuando  el 15 de septiembre de 1935, en el congreso del partido nacionalsocialsta (NSDAP) se aprobaron las leyes para la protección de la sangre y la ley de la ciudadanía del Reich, pasará a esa lista larga de ciudades donde el antisemitismo, el racismo y el odio se disfrazan de sensibilidad, justicia y nobleza. Durban es otra bofetada al rostro de los cómplices, que con el silencio avalan este nuevo descaro de los que sin pudor ostentan el título de asesinos y verdugos de este tiempo que nos toca vivir.
¿Qué quiere Castro, Saddam Hussein, Arafat, Gadaffi?
¿Qué quieren los fracasados de manos ensangrentadas? ¿Desean que Israel vuelva a ser el cordero del holocausto que su odio impulsa?
 
Eso, ni Durban con sus monstruos, ni todos los sueños y las ganas de los cultores de la muerte podrán lograrlo
Eleonora Bruzual
ebruzual@cantv.net
*Eleonora Bruzual es periodista.
Columnista de Opinión de El Universal de Caracas, y del Nuevo Herald de Miami.
Editora de la Revista Electrónica “Mujeres del Tercer Milenio” 
 
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"Durban, El Descaro"
Escrito por
Lourdes Rensoli Laliga
 
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