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Un diálogo imposible
 
por  Asdrúbal Aguiar
Las premisas del Informe presentado por Venezuela ante el Consejo Episcopal Latinoamericano, no podrían ser más elocuentes en cuanto al estado de cosas que hoy vive el país. Mas, las descalificaciones emitidas por el “régimen” en contra de los Obispos, de nuevo se han hecho sentir en toda su extensión. No ha mediado ninguna respuesta seria en cuanto a lo dicho, con gravedad, por la jerarquía eclesiástica. 
 
Se ha limitado el “régimen”, repitiendo la manida conducta del Presidente, a señalarla de conservadora, parcial, e incapaz por tradición de comprender y entender toda forma de cambio político, menos el revolucionario.

La Iglesia Católica ha dicho, en síntesis, lo que es máxima de la experiencia: Que hay empobrecimiento general; que hay un incremento grave  en el desempleo; que persiste el crecimiento, sin precedentes, de la criminalidad; que el nuevo modelo político se ha reducido a la exaltación del carisma y del poder personal del Presidente, ante el cual mengua cualquier forma de institucionalidad y suscitándose graves interrogantes “acerca de la vigencia y hasta de la existencia real de un Estado de Derecho democrático”; y, en fin, que sumado a la actitud y 
al juicio denigrante y ofensivo del Presidente para con los sectores que no lo acompañan, se ha puesto marcha una política educativa que sólo se mira en el espejo “ideológico” de la “revolución” y que disminuye, frente al Estado omnipresente y autoritario, el rol y la libertad del educando, de los padres, de los maestros y de la propia comunidad.
 
Así las cosas, vistas las posturas asumidas por los Ministros de la Defensa y de la Secretaría a propósito de tales señalamientos: aquel, rechazándolos de manera lacónica y éste, por el contrario, haciendo un llamado al diálogo con la Iglesia, no queda más que concluir en lo evidente: la imposibilidad de realizar un cruce mínimo de ideas con un Gobierno que carece de  rostro, al estar signado por las contradicciones tácticas, incluidas las del mismo Presidente.
El diálogo resulta imposible, entonces, ya no tanto por lo esencial: la imposibilidad ética de dialogar con quienes –como Chávez y su “régimen”- afirman hasta la relatividad del derecho a la vida misma (léase el derecho a la eutanasia, al aborto, a la clonación humana, etc.), cuanto por lo elemental: en otras palabras, por lo inútil y hasta riesgoso de dialogar con quien varía y acomoda deliberadamente su discurso para impedir la revisión y el debate sobre la estrategia y los conceptos de fondo.
En suma, no hay diálogo posible con quien afirma convencido que el Estado es el todo y no la gente con su rostro y sus expresiones de libertad y hasta de miseria; o con quien alega que el Estado se proyecta y se realiza en la imagen mesiánica de un “líder conductor” o comandante. No hay diálogo posible,  pues, fuera de los espacios de la democracia; esa que fragua en instituciones, en el respeto al disentimiento, y en el aseguramiento de la primacía del hombre y de todos los hombres -varones y mujeres- sin que medien odiosas discriminaciones.
 
 
(*) ex Ministro de Relaciones Interiores  
mayo 2001
 
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