diadelosbabies
 
 
Opinion / Testimonio de una visita 
al palacio presidencia
 
Caracas, lunes 22 de abril, 2002
 
Especial para El Universal de Venezuela
 
por Luis José Uzcátegui
El día de los babies
 

No hay duda que Venezuela, por el 12 de abril, entrará en el tercer milenio bajo la marca de las veleidades y lo absurdo. Fue una experiencia única y terrífica donde evidenció que parte de los individuos que integran sus instituciones llevan muy bien guardado un peligroso YO infantil. El grupo militar, al mejor estilo de “quitate tú para ponerme yo”, no encontró nada más gracioso en esa madrugada que jugar a la montonera. Crear un tropel de asonadas entre cuatro paredes del quinto piso del Ministerio de la Defensa y convertirse en grupetes de pelea por cargos y prebendas, y obviamente, imponer el poder de las armas, pues si bien no se disparó un tiro, nada más convincente que el simbolismo cruento de la pólvora y los cañones.
Los empresarios no se quedaron atrás. Nunca la sociedad había visto tal  ineptitud ni un mundo donde las sacadillas fueran hábito de vida.  Intereses tan dispersos y sueltos se mezclaron y confundieron para al final  ir disipados hacia el destino ineluctable de las apetencias personales. Ese día como en un recreo de hiperquineticos, en menos de 4 horas, se tejieron todo tipo de intrigas palaciegas. 
El “bochinche” del que hablaba Miranda resurgió. Era asombroso ver tantos aspirantes a ministros compitiendo por quién era más mediocre, prepotente o ególatra. Los pimpollos financistas del golpe encontraron juguete nuevo y no caminaban pues llegaron a levitar. Los banqueros, con sonrisa de vivarachos galanteaban con los “futuros” gobernantes. Los políticos volvieron a mirar por encima del hombro y hasta algún clérigo se emocionó de tal forma que empezó a torcer la cintura y caminar como ministro.  Asesores iban y venían. Después de la torta, nadie redactó los decretos. Los abogados se convirtieron en impúberes malcriados y con un balido intermitente de retórica ahora dicen que todo fue obra de egos imaginarios. Sólo en la lejanía se oye una sincera aclamación que sale del espíritu de José Tadeo Monagas y grita: “la  Constitución ¡sirve para todo!”
 
A pocas horas de la nueva batahola política aparecen las brigadas “Bolivarianas” de choque sembrando terror y destrucción. Una vez más el tiempo retrocede y algo así como los llamados en el siglo XIX “lincheros” del oficialismo, cual hordas primarias, típico de sociedades inmaduras y atrasadas, se dedicaron a arruinar y aterrorizar. Y no había pasado una semana cuando el Baby Estrella, Hugo, volvió por sus fueros, y a través de los medios, fomentar la confusión y desesperación
 
La sociedad puso el corazón y los muertos. Todo, tratando de desterrar un gobierno insulso que semejante a infantes depravado tortura a los venezolanos con mentiras y un altruismo morboso. Los militares, empresarios y asesores que se pensaba podían crear  valores sociales: confianza, cooperación, transparencia, coherencia, respeto, organización, civismo, tal críos retozones sacaron los instintos más elementales para patentar este  fatídico e infausto día. Y, ahora, eso si, “responsablemente” todo lo explican tarareando ese viejo estribillo: “Nos engañaron...”
 
22 de abril de 2002
 
Luis José Uzcátegui
Psiquiatra y Antropólogo
emocion@cantv.net
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