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Desafiando la imaginación
Antes y después del 11 de Septiembre
 
Sylvia Benzaquén
Nueva York
 
Pareciera como si el 11 de Septiembre pasado dejó una cicatriz permanente en el corazón y en el alma de todos los seres pensantes del mundo libre. 
Más aún, la fecha, tristemente nos ha unido en un sentimiento de duelo internacional. Para quienes vivimos en Nueva York, las llamadas telefónicas de solidaridad y reafirmación a la duda de que sobrevivimos físicamente la tragedia o no, representan, ahora más que nunca, un tesoro de incalculable valor. No porque antes no apreciáramos el valor de amistades que residen lejos, sino porque hoy por hoy, le damos más que nunca, el justo valor a la vida.
Uno de mis amigos más queridos de Venezuela -Salomón Serfaty- además de querer constatar el bienestar de la familia, hizo un comentario que me dejó pensando: "Oye, qué bien están hechas las filmaciones de Hollywood, imitan la realidad perfectamente... mientras veía las imágenes de las Torres Gemelas, me parecía estar viendo una película."
 
La imaginación de destacados productores cinematográficos, se quedó corta al lado de la pesadilla que nos tocó vivir, más aún, desconocemos los futuros planes terroristas, los próximos blancos de ataque, y el número de víctimas que perderá la vida. Ha comenzado la era del odio, del crimen y de la muerte.
 
Y no es que tratemos de restar importancia a todos los crímenes masivos a los que ha estado expuesta la humanidad, sino que tememos, un futuro más siniestro. Hemos entrado al Siglo donde los peligros -hasta ahora sólo imaginados en Hollywood- son aún mayores: el bioterror ha llegado a nuestras vidas, y no desde el mundo de la fantasía a través del Séptimo Arte, sino desde la realidad, y entrará a nuestros hogares  a  través del correo.
¿Insólito? ya no, antes de abrir la correspondencia hay que verificar la procedencia, porque hasta ese simple acto rutinario se ha convertido en pesadilla, nos han invadido la privacidad, el universo personal, la intimidad.

A través de la historia, hemos estudiado la trayectoria de personajes malvados, dictadores, personalidades con tal grado de enfermedad que nos dejaban perplejos. Asesinatos masivos, persecuciones, hornos de gas alemanes, hogueras españolas, matanzas salvajes para exterminar poblaciones indígenas, acciones terroristas, coches bombas, militantes suicidas... creíamos haberlo visto todo, hasta que nos convertimos en víctimas de la masacre del World Trade Center.  
 
¿De dónde procede nuestro asombro? ¿En qué se distinguen los actos criminales anteriores de éstos acaecidos en suelo americano? 
Esto es una especie de sismo o terremoto que pretende desestabilizar a la primera potencia del mundo, y con ello, al resto de las naciones libres y democráticas del mundo. Este horrendo ataque quiere erradicar la libertad y sembrar la muerte. Oriente manifiesta su desagrado a Occidente, porque aunque ellos tengan el poder (petróleo) aquí tenemos la inteligencia.
Todo aquello imaginado en la ficción, se ha ido tornando en la más cruda realidad, y este es sólo el comienzo. Ya no saldremos de una sala de cine impresionados por efectos ópticos imitando la violencia sofisticada, porque el enemigo, gracias a su poder económico, pudo comprar inteligencia de naciones -que a sabiendas del peligro que ello significaba para la humanidad- vendieron sus almas al diablo, a cambio de dinero.
 
Y es así como el 12 de Septiembre, amanecimos a un mundo nuevo, con sueños rotos y esperanzas de paz desvanecidas.  Niños que despertaron sin padres, padres que amanecieron sin hijos, esposas sin maridos, u hombres sin mujeres y haciendo nuestros los vocablos nucleares que tanto pánico despiertan, porque a partir de esa fecha, tememos a la eventualidad del uso masivo de armamento bioquímico.
Un show matutino, días pasados, transmitía por la pantalla chica, instrucciones de cómo utilizar eficazmente máscaras de gas y trajes especiales en caso de un ataque terrorista, advirtiendo que su mal uso podría sofocarnos.
Explicaban además, los artículos de primera necesidad que debemos adquirir y almacenar en el hogar, como agua potable, alimentos enlatados, sopas instantáneas deshidratadas, baterías, linternas...¿ficción o realidad?, definitivamente, realidad.
 
El antes y el después se diferencian en la toma de conciencia. No vivíamos  ciegos a la realidad, puesto que era predecible, aunque la pregunta era ¿cuándo?; los seres humanos tenemos la tendencia de conducirnos en un modo peculiar: ver para creer, la imaginación tiene sus límites, y muchas veces, despertamos solo con el golpe. 
El nuevo reto es ¿cómo salvar nuestra civilización, cómo sobrevivir al odio y cómo defender nuestras vulnerables ciudades de futuros ataques?  Clamamos al Cielo, por inspiración, paz y justicia.

Sylvia Benzaquén
New York
E-mail address: Sylviab1279@cs.com
 
 
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"El 11 de septiembre de 2001"
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