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El pasado 23 de enero Caracas contempló
la mayor movilización política que recoge su historia.
Un amigo estadounidense me preguntaba si Chávez,
en su mejor momento, logró una concentración así. Le respondí --con absoluta
sinceridad-- que no sólo no lo había logrado Chávez. Que tampoco Acción
Democrática o COPEI, en la cúspide de la popularidad, y con figuras
emblemáticas como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, ni Arturo Uslar Pietri
cuando en 1964 barrió literalmente a esos dos partidos históricos, en el
área metropolitana, lograron jamás movilizar a más de trescientas mil
personas y este éxito sin precedentes no es fortuito y merece ser analizado
con ponderación.
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- Si se fuese a estimar el
mayor logro de esa inmensa marcha cívica, yo no vacilaría en afirmar que fue
la ausencia de protagonistas individuales; no había ningún divo o
diva para galvanizar a las multitudes, ni un partido único demostrando
el músculo y eficiencia de su maquinaria política.
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- Fue la sociedad, la
Venezuela profunda amante de la libertad y del pluralismo, en todas sus
escalas socioeconómicas, la gran masa humana en una atmósfera que podríamos,
sin exagerar, calificar de fraternal y armónica, y sobre todo su unidad de
propósito: salvar la democracia, oponerse a la prepotencia y el
autoritarismo, la triunfadora de esa jornada
- memorable.
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- Ese día se demostró, sin
ningún género de dudas, que los cuarenta y un años de democracia civil y
civilista, cualesquiera que hayan sido los vicios de los últimos cinco
lustros, crearon y sembraron en el pueblo venezolano una honda convicción
democrática, que no necesita de mesías ni predestinados para manifestarse
masiva y contundentemente. Desde esa ''marcha de la dignidad'', como la han
calificado algunos, se confirmó que un régimen como el de Chávez no es
viable en Venezuela. Los hechos han confirmado lamentablemente lo que les he
reiterado en anteriores artículos.
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- Las reacciones del
comandante presidente no han hecho sino agravar la creciente
ingobernabilidad. La respuesta brutal, innecesaria y desafiante a las
palabras cargadas de preocupación y sabiduría del nuncio de S.S. Juan Pablo
II, decano del cuerpo diplomático, durante el acto protocolar de la
salutación de año nuevo, y sus ataques feroces a la Iglesia Católica, a la
cual calificó de ''tumor'', han añadido al enrarecido ambiente el peligroso
condimento de la intolerancia y el irrespeto al culto que profesamos la
mayoría de los venezolanos.
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- La designación de un
oficial retirado, con conocidos y comprobados nexos con la narcoguerrilla
colombiana, como el ministro del Interior y Justicia, ha sembrado naturales
sospechas sobre sus intenciones. Sospechas que han tomado consistencia con
la denuncia hecha por el diputado del partido Primero Justicia, el jurista
Gerardo Blyde, de que fue sustraída una máquina de cedulación de la
Dirección de Identificación y Extranjería y entregada a la policía política,
con el propósito de dotar de identificación ''venezolana'' a guerrilleros de
las FARC, para que instruyan a los denominados ``círculos bolivarianos''.
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- Chávez pone la mesa para
la guerra civil, una plaga que había desaparecido de nuestra historia desde
1903. Ningún venezolano, de civil o de uniforme, puede tolerar semejante
monstruosidad...
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- Alfredo Coronil Hartmann
- Abogado,
internacionalista y catedrático venezolano