Los terroristas, que dieron muerte
a Daniel Pearl en Pakistán, le provocaron al periodista de The Wall Street
Journal incontables padecimientos psíquicos y físicos.
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Desde el 23 de enero, cuando fue
con engaños atraído a un lugar de Karachi para lo que creía era una
entrevista con una conocida figura islámica, fue torturado cada minuto,
mental y físicamente por sus captores.
Las fotografías, que recorrieron
el mundo, y que muestran a Pearl sentado en el
suelo con cadenas y grilletes en los brazos y con la cabeza inclinada y
luego con una pistola apuntada a la sien, son sobrecogedoras.
No se necesita pensar mucho o
tener buena imaginación, para comprender la angustia que debe haber sentido
el periodista, desde el momento mismo en que se dio cuenta que había sido
llevado con engaños al lugar de la falsa cita. |

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Fueron posiblemente cuatro semanas
de dolor y terror que culminaron con su degollamiento, luego que en un
escalofriante video dijo a sus captores que era judío.
Su esposa Mariane, quien esta
embarazada con el primer hijo, a pesar de su dolor dijo, al saber que su
marido había sido asesinado por los terroristas, que aquellos "dieron muerte
Daniel, pero no su espíritu...".
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Y fue esa convicción, de que el
alma prevalece a pesar de todo, la que fue celebrada por un grupo de amigos,
colegas e incluso desconocidos que se reunieron recientemente en el bar
Madam*s Organ de Washington. |
Solo lo positivo. Solo los buenos
recuerdos. Las bromas y el sentido de compañerismo
de Pearl fueron comentados por los presentes.
El periodista era una figura
familiar en el bar, lugar que frecuentaba para pasar un buen tiempo, antes
de ser enviado a Londres por The Wall Street Journal.
Rodeado de colegas y amigos contaba chistes, comentaba las noticias,
bebía cerveza y tocaba el violín en una improvisada orquesta de música blue
y country.
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Los
patrocinadores del encuentro recogieron dinero para crear un fondo
que se le entregara a la viuda, para el bebe que nacerá dentro de poco.
Al partir hacia el bar, Phil Kuntz,
reportero y amigo de Pearl, le dijo a su taxista (que resulto ser un
inmigrante pakistaní) donde estaba yendo y para que se dirigía al lugar.
Conmovido, el chofer no le cobro el viaje y le dijo que la tarifa debía
incorporarse a un fondo en memoria del periodista.
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Fue así como nació la idea de
juntar dinero para el hijo de Pearl: Para la criatura que nunca conocerá a
su padre, pero que lo recordara con orgullo por su nobleza. Y por morir
cumpliendo con su compromiso como periodista de informar, para mantener un
sentido de estabilidad y verdad en el mundo.
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- En el bar Madam*s Organ, no hubo
discursos. Solo vasos en alto, en brindis llenos de sentimiento, por lo
mejor de un ser humano: su alma, que prevalece por encima del odio y las
discordias.
Por Angélica Mora
Marzo 2,
2002
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