culpapsicología
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UNITED NATIONS EDUCATIONAL, SCIENTIFIC and CULTURAL ORGANIZATION
 
Una visión de la Culpa a través
de la Psicología Social
 
"La confesión pública le hace bien al alma"
Antiguo Proverbio Escocés
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Si buscamos a través de la historia, nos daremos fácilmente cuenta, que la culpa es y ha sido una emoción terrible y penosa, tanto así, que podemos constatar – en ese mismo recorrer de la historia - que todas las culturas han institucionalizado una gama de posibilidades y modos para suavizarla, a estas posibilidades podemos darle diferentes nombres: llamarle sacrificios - tanto animales como humanos –ofrendas y dádivas de cereales y dinero, penitencia, confesión, desmentidas.
En la antigüedad, en Israel, los pecados del pueblo eran periódicamente cargados en el "Chivo expiatorio", animal que arreaban hacia el desierto para que se alejara y perdiera en sus arenas llevándose consigo la culpa del pueblo (de Vaux, 1965).
 
Los trabajos realizados por la psicologia, por ejemplo, los relacionados con la necesidad de indagar y averiguar cuáles son las consecuencias de la culpa, muchos de los trabajos e investigaciones de los psicólogos sociales inducen a una cantidad de personas a transgredir, algunas veces accidentalmente y otras intencionalmente; otras veces se les lleva a mentir, a aplicar descargas eléctricas, a derribar una mesa cubierta de tarjetas ordenadas alfabéticamente, a destruir alguna máquina, a hacer trampas. En este ejercicio, práctica o investigación se ofreció al participante abrumado por el peso de la culpa, una manera conveniente de aliviar su espíritu, confesando, denostando a la persona perjudicada o cumpliendo con una buena acción para contrarrestar el acto censurable. Los resultados de este experimento no cambian los ya conocidos: Las personas que se sienten culpables (Por lo que sea) harán lo humanamente posible con tal de pagar la culpa y restaurar una imagen aceptable y limpia de pecado.
 
Vamos a Imaginarnos en la piel de alguno de los participantes de esos experimentos. Experimento como el realizado por David McMillen y James Austin en 1971, con estudiantes de la Universidad Estatal de Mississippi.
Imagínense: Ud. y otro compañero (a) – ambos (as) interesados (as) en ganar puntos, porque así lo requiere el currículum - llegan al lugar indicado. Casi enseguida, un cómplice del director del experimento entra, anunciándose como participante de un experimento similar realizado anteriormente y dice estar buscando un libro extraviado allí. Entabla conversación con ustedes y cuenta que parte del experimento consiste en una prueba de múltiples posibilidades, en la cual la respuesta correcta a casi todas las preguntas es "B".
Después que el colaborador se ha ido, llega el director o facilitador, explica la tarea y les pregunta: ¿Alguno de ustedes ya ha formado parte del grupo de sujetos o ha oído algún comentario sobre el experimento? ¿Mentiría Ud.?
 
La conducta observada por los verdaderos participantes que pasaron antes que Ud. por el experimento - el 100% de los cuales mintió – permite deducir que Ud. también lo haría. Después que ambos hubieron rendido el test (sin recibir retroalimentación) dice el director del experimento: Pueden irse. Sin embargo, si tienen tiempo, yo les pediría que me ayudaran a calificar algunos cuestionarios.
Suponiendo que Ud. hubiera mentido, ¿cree que estaría más dispuesto a donar algo de su tiempo? A juzgar por los resultados, la respuesta sigue siendo "sí".
Como promedio, los que no habían sido inducidos a mentir dijeron disponer de no más de dos minutos. Pero quienes habían mentido, aparentemente, estaban ansiosos por redimir su autoimagen y, como promedio, ofrecieron la friolera de 63 minutos.
Una de las moralejas de este experimento fue expresada muy bien por una niña de 7 años que, en uno de los experimentos escribió: No mientas porque vivirás con culpa---. Y si sientes culpa, sufrirás la necesidad de aliviarla.
 
Nuestro afán por hacer el bien después de haber hecho mal refleja tanto el ansia de menguar la culpa privada y reparar nuestra maltrecha autoimagen, como el deseo de recobrar una imagen pública positiva (Darlington y Macker, 1966; Konecni, 1972; J. W. Regan, 1971).
 
Otro experimento importante en esta área de la culpa se realizó en un selecto centro de compras de Nueva York, Dennis Regan y sus colaboradores (1972) designaron a una persona, la cual debía pedirle a las señoras que le tomaran una fotografía. Cuando la máquina fotográfica no funcionaba, el hombre sugería que la mujer había roto la cámara (con lo cual inducía culpabilidad) o explicaba que "esas nuevas máquinas hacen cualquier cosa". Un minuto después, pasaba un segundo colaborador cargado con una bolsa de papel rota por donde se escapaban caramelos y cuyo camino se cruzaba con el de la mujer en cuestión. De aquellas que no se sentían culpables, sólo un 15% se molestó en avisarles que estaba regando golosinas. De las que habían llegado a sentirse culpables, el 55% se preocupaba por avisarle. Puesto que las inducidas a sentirse culpables no tenían necesidad alguna de redimirse ante la opinión del segundo colaborador, su conducta atenta para con él, no encuentra otra explicación: Estaban expiando una "Culpa" privada.
Otra Indicación de que la culpa nos motiva a ayudar o socorrer al prójimo deriva de ciertos experimentos en los cuales los sujetos que han cometido una transgresión tienen la oportunidad de confesarla. Por lo visto, la confesión disminuye la culpa porque, a la vez, reduce la necesidad de ayudar o socorrer (Carlsmith y col., 1968)
 
Bibliografía: "Psicología Social" de David G. Myers
Cátedra John Dirk Werkman, Hope College
 
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Burbujas84.gif (13265 bytes) Sentimiento de Culpabilidad y Psicoanálisis
 
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