cuandolosvandalos
Cuando los vándalos tratan de apagar estrellas
Caracas, 1 de octubre de 2002
 
Yo conocí a Estrella Castellanos allá por 1979, cuando tanto ella como yo éramos una muchachas despreocupadas, afanadas en hacer carrera, ella como actriz y yo como periodista. Los pasillos de Venezolana de Televisión guardan quizá los saludos, las risas y también divergencias de ambas: Estrella socialdemócrata y yo socialcristiana. Divergencias que muchas veces terminaban en el cafetín de VTV, frente a una torta, una pepsi o un té, y la alegría de dos venezolanas despreocupadas que soñábamos y trabajábamos en el país que queríamos para nosotras y nuestros hijos.
 
El tiempo pasó, la vida nos llevó por rutas diferentes, y una infeliz circunstancia, volvió a juntarnos, sino laboral y personalmente, si ideológica y militantemente. Estrella y yo, ya no reímos, a Estrella y a mi se nos pretende prohibir que soñemos. Estrella, millones de mujeres más y yo luchamos contra unos vándalos que intentan robarnos la patria, que procuran despojarnos del país, y condenarnos además, a asumir su pretensión, sin levantar la voz, sin oponer resistencia y sin batallar por esa libertad amenazada. Infeliz circunstancia que en medio de su horror ha traído a escena una característica dormida quizá gracias a la tranquilidad, la calma y la comodidad de un país que transitaba durante muchos años por caminos de paz: característica dormida pero existente en todos nosotros, hombres y mujeres que cuando lo ameritan los acontecimientos, si que somos del tamaño del compromiso que la nación nos demanda.
La “Revolución bonita” de un farsante golpeador de sus propias mujeres devino en este horror. Quitó su trajecito de demócrata y dejó aparecer la verdadera cara de un tirano bravucón, un ladrón depredador y pendenciero, rodeado de secuaces, sicarios y hampones, decididos a aplastar a un país que está dispuesto a morir de ser necesario, si con ello rescatamos la libertad, la dignidad y la democracia.
 
Los vándalos no saben captar o doblegar otra cosa que no sean bandas rivales, cobra peajes, facinerosos, ex presidiarios, sociópatas o resentidos. 

Los vándalos no logran responderle a sus maestros cubanos o libios el porqué no pueden silenciar la disidencia, por qué no barren la oposición, por qué no vencen el valor y la dignidad. Los vándalos no entienden cómo existe gente decente, mujeres valientes, hombres aguerridos. Chávez perplejo, no comprende cómo estas “Estrellas” no tiemblan ante sus amenazas, no les amedrentan sus bravuconerías.
 
Ayer apalearon a Estrella Castellanos, la mano de un cobarde escribió sobre su carne golpeada, la mano de un matón, copia fiel del que está en Miraflores, o del otro santón cínico y mentiroso que se apertrecha en Carmelitas y manda mensajitos pretendiendo llegar a ser él el presidente de la transición, mientras funge de vicepresidente de una vergüenza histórica sin parangón en nuestra saga republicana.
Desesperados mueven hilos que inclinen marionetas propias y foráneas, mientras, solapados arman asesinos, ordenándoles matar adversarios o escribir mensajes sobre espaldas maltratadas de mujeres a las que les sobra esa dignidad de la cual ellos carecen.
 
Van a caer, y tendrán que padecer el desprecio y la rabia que sólo unos enfermos de odio han levantado en esta tierra amable, donde la gente buena y generosa es mayoría, y donde no permitiremos que quede impune tanta cobardía, tanta traición, tanta porquería... Ni todos los millones depredados, ni todas las arcas vaciadas lograrán darles paz, un país enardecido y en pie de lucha obligará a que sus fechorías sean juzgadas y condenadas.
Chávez y su mafia de asesinos, dictadores, terroristas, depredadores, delincuentes, mentirosos, cínicos, cobardes, pretenden silenciar a Venezuela, sin recordar que somos un pueblo hecho de madera fina. Allí está Estrella, Maruja, María Eugenia, Maeca, allí están Juana, Petra, María, aquí estamos todos hombres y mujeres. Hoy más que nunca recuerdo algo que expresó Arturo Uslar Pietri de nosotros: Allí está el venezolano, en búsqueda y espera. Podemos reconocerlo entre todos sus hermanos americanos. Es el venezolano. Metido en el laberinto de sus graves riesgos y de sus grandes posibilidades. Sin vacilar, puedo decir que tengo confianza en él”
 
Chávez, aquí estamos los venezolanos esos que no adoramos a tiranos ni aceptamos que se nos impongan ídolos nacidos de la violencia, la muerte y la miseria vendida como felicidad. Chávez no le pagues a los que mandas a golpear mujeres, ya que no te están haciendo bien el trabajo sucio. Chávez, Rangel, Diosdado, Chaderton , no nos asustan vuestras tácticas... Matones baratos enfrentados a la nobleza y el valor. Como Arturo Uslar yo tengo confianza en esta gente única, aguerrida, valiente. ¡Chávez ni tú ni tus sicarios tienen estatura para apagar estrellas!
 
Eleonora Bruzual

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vive tiempos terribles