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Caracas, jueves 10 de octubre, 2002
DESDE HACE AÑOS SE CORRIA UN RUMOR: algo estremecedor iba a suceder en Venezuela... Y sucedió que sus mujeres se lanzaron a las calles a luchar por la libertad. Además esos genes libertarios guardados en los ovarios y mentes de la mujer de nuestra tierra, en el alma de las madres y en la pasión de la compañera preñada con la realidad de un país caótico, a cambio de una patria libre reaparecen para entregar el hijo amado o el compañero de sus pasiones. ¡Es que nuestra tierra venezolana está embravecida, pues del pecho y el vientre de sus mujeres brotan lamentos que sacuden y queman!
Nuestras mujeres están siendo vejadas. A ellas les mancillan el derecho a la maternidad de futuros mejores, pero ellas prefieren morir antes que arrullar y amamantar a sus hijos en suelo extranjero. Ellas salieron a los campos y calles a batallar no sólo contra la pobreza, exclusión, abuso sexual, ignorancia y violencia, están lanzadas a cerrar filas y entrecruzar presentes con sus hombres para engendrar la libertad de una casa grande y bella llamada Venezuela. Y sin saber si fue que Atenea, diosa de la Sabiduría, las convirtió en mensajeras del porvenir, con sus actos hacen brotar verdades que estremecen al país y llaman la atención a un mundo exterior que a veces se hace pasar por gafo e indolente ante el acecho de caudillos endemoniados y un aquelarre nunca visto.
Ellas son bandera e himno sonoro que ondea y acompaña la adversidad con ese estribillo que se convierte en canto de libertad. Ellas son la delicada y sensual incitación a ciudadanos, políticos y militares a tomar las armas de la coherencia, verdades, organización, orden, autoridad, progreso y desarrollo. Ellas son ese sueño que nos arrulló desde niños y un día supimos que podía ser verdad. Muchas son adolescentes que sollozan preguntando a sus padres por el porvenir. Otras son mujeres que dejaron los quehaceres familiares para tomar el fusil de la vergüenza y la participación social. Otras periodistas convertidas en musas de la dignidad pues sus metáforas desgarran el silencio y destrozan las mentiras de los tiranos.
Esas mujeres, que reciben despiadadamente patadas en sus genitales, que les laceran sus senos por el único 'delito' de ser amantes del país más bello del trópico ¡No son sólo mujeres! ¡Son nuestras mujeres venezolanas! Algunas, mamás que han parido los hijos e hijas de la patria. Otras, amantes que en los momentos aciagos se convierten en soporte de verdad y persuasión de amor. Todas entre murmullos de silencios y memorias le recordaran a Venezuela una historia de hidalguía. Hoy su firmeza, valor y arrojo pintarán de esperanza una nueva contienda popular. Seguirán retando al tirano pues no se podrá mancillar a un pueblo que nunca se ha dejado humillar por la infamia y la mentira. Dirán que el venezolano aplasta a los que dudan de la entrega de sus hombres. Y alzando la mirada con decoro contarán que hubo una época que su flor nacional lloró de dolor y rabia defendiendo la libertad.