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Carta de
LA MUJER Y LA CONSTITUYENTE
Por  Francisco Kerdel Vegas
En todas las naciones avanzadas del mundo se plantea en estos momentos la necesidad de que las democracias occidentales  puedan incorporar de manera activa y proporcional, en todas las instituciones e instancias de decisión política,  a la mitad del género humano -hasta el presente utilizada en forma parcial o no utilizada-, es decir, a las mujeres.
El busilis del asunto fue identificado y planteado con fuerza e imaginación por el General Francisco de Miranda a su amigo, Alcalde de París y Presidente de la Convención Nacional, Jérome Pétion, en momentos críticos en pleno desarrollo de la Revolución Francesa, y  pone en evidencia que "El Precursor" (no en vano se le dio ese calificativo)  que el tema no es nuevo
y que sigue vigente tal como lo fue hace más de 200 años:
"¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no
están directa o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma
severidad de la leyes que los hombres hacen a su gusto? "

El papel esencial que juega la mujer en la sociedad venezolana desde el descubrimiento, conquista y colonización del país, no es necesario recordarlo aquí, ya que se trata de un país que más que patria es matria, para todos los que aquí hemos nacido y nos hemos criado en sus entrañas.
Por ello el reconocimiento oportuno de los derechos legales de la mujer en nuestro medio se impusieron  en el lapso de una generación (30 años) sin discusiones, argumentos adversos,  ni traumas.  Por ello su acceso a la educación superior, modesto al comienzo y masivo actualmente, a nadie sorprende, y con raras excepciones iguala y supera en las universidades y otros institutos de educación superior a la matrícula masculina.   Por ello estamos acostumbrados a tener mujeres diputados y senadores, ministros, presidente de la Corte Suprema de Justicia o del Banco Central.
Pero lo que está planteado en estos momentos, tal como sucede en los países más avanzados del Mundo Occidental, no es el derecho a una cuota (como se ha logrado recientemente con grupos minoritarios), sino de la llamada paridad, o sea que la mujer tenga la mitad de los puestos de los cuerpos legislativos. La  oportunidad actual está dada y podría ser una de las reformas constitucionales importantes en la nueva legislación a establecerse.
París, mayo 1999
 
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