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Especial para El Universal de Venezuela
22 de julio de 2002
 
por Eleonora Bruzual
 
Opinion
¡Cómo pesa este agobio!
 
SACANDO A LAS AFECTAS al 'Proceso', a las otras mujeres venezolanas, mayoría abrumadora, nos sacude un vendaval de miedos por demás justificados que genera un valor y una determinación imposible de frenar por quienes tuercen el destino democrático de un país. Están en las marchas, las asambleas ciudadanas, las plazas y calles que su arrojo rescató para la Venezuela de la libertad y la paz. Algunas frágiles, otras aguerridas, todas dolientes de una situación que atenaza el corazón de cada madre, cada esposa, cada hija. Marena y Lolita, dos botones para una muestra...
 
Vivimos en tensión e incertidumbre, real problema de salud pública. Angustiadas transitamos sobre un polvorín. Desconocemos cuándo Chávez dará el zarpazo final, llevándonos al destierro, a la cárcel o a la suerte de los mártires del 11 de abril y de los otros caídos, cuando los autores intelectuales de las muertes y los saqueos ordenaron la salida de cuanto delincuente, asesino y sociópata encontraron, sembrando vandalismo y terror; aquelarre celebrante del 'Retorno de los brujos' destruyó vidas, bienes y sueños de rescatar la democracia, presa de quienes dedican sus vidas a enterrarla.
 
Mujeres, ejército invencible, forjado en una realidad nacional: Multiplicación de ansiedades y temores generados por un país sin confianza, sin leyes, con un régimen de mentirosos compulsivos y de cínicos activos que liberan a los asesinos de hijos, hermanos y esposos. Más allá de la angustia ellas actúan y dejan en ridículo a Baduel, a J.V. Rangel, a Diosdado y a los que pretenden troncar la voluntad de libertad de una nación. Ejército sin endemoniadas activistas. Sin 'fosforitos' incendiarias asustando al país y enfermando a su población.
 
Están en cada marcha, en cada concentración 'dándole lo suyo' a un semental groserón. Hijas, madres, abuelas convertidas en el orgullo de un país luchando sin descanso por su derecho a un destino de paz y prosperidad, y no a una robolución de vivarachos ávidos, tanto de bienes como de muertos...
 

Mujeres en cada casa, cada calle, en los automercados, las oficinas, las aulas universitarias, en cada lugar donde esté una de ustedes hay un soldado de la patria, una defensora de la dignidad. Aguanten, campeen el vendaval, madera tienen para ello, Conny lo dijo: Nos arrullaron con el Himno Nacional... ¡Qué orgullo da ser una mujer venezolana!
 
ebruzual@cantv.net
 
ebruzual@cantv.net 
22 de julio de 2002

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