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Deporte
sin Frontera
 Cacique en desgracia
 
por Herman Beals
 
Reportando desde Santiago de Chile.-
 
En el terreno deportivo, Colo Colo es el equipo de fútbol más popular de Chile. Desgraciadamente para el club, también lo es el aspecto financiero, pero en el sentido negativo. La institución está en quiebra y su futuro es incierto.
 
Las vicisitudes de Colo Colo, llamado así por un valiente cacique araucano, dominan la vida pública de Chile en estos momentos, opacando incluso a la política, algo difícil de lograr en un país de amargas rivalidades entre su gobierno socialista y una derecha dispuesta a reemplazarlo en las urnas tan pronto como el sistema democrático lo permita.
 
Pocos se lo explican cómo, pero el club debe la astronómica suma de 8.865.874.368 pesos, lo que equivale a más de 30 millones de dólares, y esa cantidad aún podría aumentar considerablemente.
 
El club le debe a cada santo una vela, con el fisco chileno encabezando la lista de instituciones y personas que están en cola, esperando ansiosamente recuperar sus dineros. Varios de los acreedores son jugadores o ex futbolistas de Colo Colo y, de hecho, son ahora los verdaderos dueños del club.
  
Cuando quedó en claro que el club había entrado en la insolvencia, debió declararse en bancarrota y, conforme a la ley chilena, se nombró a un síndico de quiebras para que se hiciera cargo del naufragio.

 

Tan pronto como fue designado, el síndico Juan Carlos Saffie se convirtió en salvador o demonio, con algunos alabándolos y otros atacándolo acerbamente. Entre estos últimos se encuentra un senador chileno que, como dicen en su país “va a todas las paradas”, es decir se mete en todo lo que no debe... o debe.

El senador ha dicho que la quiebra de Colo Colo es ilegal y ha acusado al síndico, que gana comisión por las quiebras que tiene a su cargo, de haber apresurado la declaratoria de bancarrota del club para beneficiarse personalmente. El síndico, obviamente, ha respondido que ese no es el caso y ha recibido el respaldo de los acreedores.

 

De ese modo, Saffie y el abogado de la Tesorería General de la República Cristián Huerta, quien fue elegido presidente de la junta de acreedores, se convirtieron en realidad en los máximos dirigentes del club.
 
Pero son los 48 miembros de la junta los que tienen en sus manos el destino del club después de que decidieron que el equipo siguiera jugando en el campeonato profesional como si nada hubiera pasado. Esa medida fue recibida con júbilo por los cientos de miles de hinchas de Colo Colo que durante días agonizaron ante la posibilidad de que se dispusiera la liquidación total de la entidad deportiva.
  
Todo el mundo –o casi todo el mundo—quedó contento, comenzando con los jugadores que, alentados por un público que acude en masa a los partidos del equipo, han logrado que el conjunto escale a los primeros lugares del torneo oficial.

Pero, por supuesto, los problemas no han terminado. Todavía sigue en pie la enorme deuda (no está claro que pasará con los que incurrieron en los gastos), y la solución propuesta por el síndico, de que el club se convierta en una sociedad anónima, ha tropezado con algunos obstáculos imprevistos.

Por un lado, no todos están convencidos de que la venta de los activos del club (que posee, entre otros bienes un estadio en Santiago) para formar  la sociedad anónima sea la solución correcta. Y por el otro, existiría un impedimento de tipo reglamentario para que Colo Colo siguiera funcionando como club afiliado a la Asociación Nacional de Fútbol Profesional.
 
Y si no está afiliado a esa entidad, tampoco puede pertenecer a la Confederación Sudamericana de Fútbol ni a la Federación Internacional de Fútbol Asociado. En otras palabras, no podría seguir jugando en la primera división.
 
Esto, sin embargo, aparece como un obstáculo posible de salvar. Lo que preocupa a los aficionados, cuyo lema es “Colo Colo es Chile”, si alguna vez contarán con el glorioso cacique del pasado.

 

 
Herman Beals
hebeals@attglobal.net
Washington DC
Marzo, 28 de 2002
 
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