ciudadanocastillo
Monumento:
 
Al Ciudadano Castillo
por Robert Alonso
 
Esta correspondencia, en principio enviada a Leopoldo Castillo, conductor del espacio televisivo "Alo ciudadano" que se transmite por GLOBOVISION, como protesta a comentarios que, obviamente, molestaron al autor, condensa en su contenido la terrible situación que vivió, vive y aun estará viviendo el pueblo cubano, y cualquier posición que involucre un irrespeto a una lucha interminable contra el tirano más abyecto que recuerda la historia latinoamericana.
----------------------------
Ciudadano Castillo:
Entre las múltiples desgracias de salir como un  paría hacia el exilio está la de tener que oír imprecisiones alegres y generalizadas sobre lo que supuestamente fue la Cuba de ayer y los cubanos de siempre. En ese sentido y desde muy niño, ya fuera de mi patria, he tenido que soportar la atroz infamia que aseguraba - entonces - que todas las cubanas eran prostitutas y Cuba, el prostíbulo del Caribe. 
 
Cuba se forjó una tal vez merecida fama por sus prostitutas y casas de prostitución. Existía en tiempos de Batista un funesto "turismo sexual" que atraía a los "putañeros" extranjeros a una isla que además de muchos atributos naturales, culturales, históricos y artísticos, ofrecía toda una gama de mujeres de "vida alegre" de las más variadas categorías, tal y como siempre se ha encontrado en las grandes capitales del mundo, porque La Habana -además - era hace 43 años, una de las grandes capitales del mundo. Cuando el éxodo masivo cubano se hizo sentir por el globo terráqueo, nuestros padres y madres fueron mostrándole al mundo que había muchísimo más en el cubano que la etiqueta de la prostitución.
 
Demostramos ser un pueblo productivo, honesto y tremendamente trabajador. Ayudamos a construir grandes empresas y a generar riquezas en aquellas naciones que nos abrieron sus corazones y nos brindaron hospitalidad, como fue el caso de Venezuela, donde nacerían mis cuatro hijos de un vientre, por cierto, cubano. Criamos a nuestros hijos enseñándoles el amor por Venezuela pero cuidando siempre que se sintieran orgullosos de ser cubanos de sangre.  Así se aprendieron -- al mismo tiempo -- el "Gloria Al Bravo Pueblo" y el "Himno de Bayamo", cargados de sentimientos heroicos ambos, donde se enseña que la virtud y el honor de una nación son valores tan importantes como el de morir por la patria para alcanzar la vida eterna y heroica en la mente y en el corazón de los pueblos.
 
Tras la pesadilla que hoy le ha tocado vivir a Venezuela, y a todos aquellos cubano-venezolanos que como mi familia hicimos patria en esta bondadosa nación, se ha fomentado un nuevo calificativo despectivo, infame y carente de toda verdad, cual es la de que los cubanos fuimos unos cobardes que abandonamos la patria en manos del castro-comunismo sin haber hecho el patriótico esfuerzo de luchar por ella. Lo peor de todo es que en oportunidades he oído tal aberrada afirmación de boca de quienes se dicen cubanos exiliados y - para mi profundo dolor - hoy, en su programa, dijo usted haber oído que la razón por la cual Castro logró apoderarse de Cuba es porque en nuestra patria no había  venezolanos, queriendo con esto asegurar que hubiesen sido los valientes venezolanos quienes le hubieran salvado la patria a los cobardes cubanos.
 
Viniendo de un comunicador social como usted - supuestamente amigo del exilio cubano en Venezuela -, esto fue un puñal de acero que le ha clavado en los corazones a miles de mis compatriotas cubanos, en especial cuando fue dicho en horario estelar y en la versión especial de su prestigioso programa - "Aló Ciudadano" - el cual usted con tanto atino dirige y que se ha adueñado de la inmensa sintonía del televidente venezolano.
 
Las razones por las cuales Castro se adueñó de Cuba son muy extensas y variadas como para plasmarlas en esta carta ya de por sí larga, pero para sintetizar, le puedo decir que son muy similares a las razones por las cuales Chávez está en franco proceso de adueñarse de Venezuela, pero con un agravante que afortunadamente los venezolanos no tendrán en su contra: Castro se hizo apadrinar por la Unión Soviética.
 
Así como en el caso de Venezuela, que hoy nos ocupa, hay una inmensa dosis de culpabilidad tanto en los cubanos como en los venezolanos, por haber abonado el terreno de nuestras naciones para que emergieran caudillos totalitarios vociferando la irreductible promesa de la construcción de una patria justa, apelando a los más elementales derechos de nuestros ciudadanos, los cuales -- sin duda -- fueron criminalmente descuidados por las clases dirigentes de ambos países, como ha venido sucediendo y sucede hoy en prácticamente todos los países de nuestra América, desde México hasta la Patagonia.
 
Tuvo mucho, muchísimo que ver también la corrupción de nuestros gobernantes y gobernados y el creer que a 90 millas de los Estados Unidos, o en el quinto productor de petróleo del mundo no podría venir un comunismo. Al igual que en Venezuela, terminamos construyendo un poder judicial al servicio de unos pocos y no al servicio de la justicia.  El cubano de ayer, como el venezolano de hoy, creyó en cantos de sirenas y se enamoró de un populista que llevaba marcado en la frente con evidente claridad el sello de la traición, la mentira y el engaño. Ambos pueblos se negaron a guiarse por la razón para darle riendas suelta a la pasión colectiva cual quinceañeras seducidas por mozos corridos en cuestiones de amoríos. Pero en el hecho de asegurar vehemente y alegremente que fue la cobardía del cubano la razón por la cual Castro ha podido subyugar a su pueblo durante cuatro décadas hay un universo de equivocación.  
 
Cuando el cubano de ayer, como posiblemente suceda con el venezolano de hoy, se vino a dar cuenta de la traición, era ya demasiado tarde.  Castro había socavado los cimientos de todos los pilares sobre los cuales se sustentaba la patria al tiempo que metódicamente destruía también la pujante economía cubana, la tercera en América para entonces. Redujo a piltrafa la industria azucarera, que equivalía a la industria petrolera de Venezuela. 
 
Mientras enamoraba a su pueblo, trabajaba ardua y maquiavélicamente en su agenda perversa y criminalmente oculta. Poco a poco fue neutralizando todos los poderes constituidos, así como purgando su equipo de quienes él pudiera esperar una reacción de enfrentamiento, tal como sucedió con el Comandante Huber Matos, quien muy pronto alzó su voz de protesta para terminar encerrado inhumanamente en un reducido cuarto durante dos atroces y martirizantes décadas.  Jamás mostró reparo en ordenar la destrucción psíquica o física de sus adversarios, aún antes de que se pronunciaran abiertamente en su contra, tal como sucedió con el Comandante Camilo Cienfuegos, quien terminó sepultado en las profundidades del Mar Caribe, entre otras cosas, por mostrar desacuerdo con la detención del Comandante Matos.
 
Redactaba varias versiones de una misma ley, tal como sucedió con la Ley de Reforma Agraria, una - la cual publicó - redactada por eminentes juristas cubanos y la otra, que al final implantó, obra de Guevara y sus secuaces comunistas más recalcitrantes. Mientras el cubano trataba de entender qué verdaderamente sucedía en su patria, Castro organizaba los CDR o comités de defensa de la Revolución. Mientras dentro de la isla se había convertido en un asesino que masacraba a su pueblo en los paredones de fusilamiento, fuera de ella era la vedette mundial que había "derrotado" al imperialismo yankee en sus propias narices. Muchos gobiernos amigos y hermanos de América, incluso, le tendieron una mano. Cuando vinimos a ver, nos encontramos en un estado solitario de total y absoluta indefensión. Llegó el momento en el cual no quedaba otra opción que huir de aquel infierno. Para cuando el cubano se vino a dar perfecta cuenta de las intenciones traidoras y tiránicas del "Máximo Líder", ya el confeso dictador habían implantado en Cuba un estado de terror, totalitario, autocrático y  declaradamente comunista. Claro está que aún no es el tiempo para que nuestros hermanos venezolanos entiendan y comprendan qué significa sentir un estado de terror. 
 
No han comenzado los fusilamientos en los paredones, ni los juicios sumarios. No ha habido un solo niño que haya delatado a su padre venezolano ante las huestes de represión del gobierno.Todavía en Venezuela podemos asistir a misa sin que se nos señale de contrarrevolucionarios; podemos ver su programa ("Aló Ciudadano") y el cubano que se sienta ofendido por sus incomprensibles e intolerables insultos, puede cambiar - todavía - a Venevisión, Televén, Radio Caracas, Vale TV. Venezolana de Televisión, o simplemente "desconectarse" por un rato revisando las opciones que - todavía - encontramos en el cable y si eso no nos complace, todavía tenemos cualquier cantidad de estaciones de radio en las bandas de AM y FM, si es que no queremos sentarnos a leer un buen libro que trate de cualquier cosa. Los negocios que se cierran en Venezuela se cierran por cuestiones económicas, no porque se apropien de ellos las turbas "bolivarianas", así que - todavía - el venezolano no sabe lo qué significa ser "siquitrillado". No se le puede pedir al venezolano que entienda qué se siente sentirse preso en su propio país, porque - todavía - puede dejarlo y regresar a él cuantas veces quiera, con tal de poderlo hacer económicamente, claro. Se puede participar un viernes en una marcha de la oposición, tomar un avión para Aruba el sábado en la mañana y regresar el domingo en la noche para seguir marchando toda la semana si uno así lo desea.
 
El venezolano no entiende qué cosas son los "actos de repudio", por lo que de nada vale hacerles entender lo que se siente cuando cientos de vecinos (o vecinos transportados de otras urbanizaciones o barrios) se paran frente a su casa a gritarle: "paredón ¡paredón¡ paredón ¡paredón!".
 
Es algo así como los cacerolazos que les hemos dado a los chavistas en los restaurantes del este de Caracas, pero mucho, muchísimo más peligrosos y atemorizantes, si tomamos en cuenta que esas turbas que Castro enviaba a la calle, tenían carácter de jurado que sentenciaba de acuerdo a las líneas previamente dictadas desde el escritorio del tirano. Los abogados defensores de los venezolanos - todavía - defienden a sus clientes, por lo que no vale la pena hacerles entender que en Cuba los abogados que el Estado nos asigna para que nos defiendan en un juicio político (o de conciencia), se parecen más a un fiscal acusador que a un abogado defensor. El venezolano, todavía, no sabe lo que es comprar "por la libreta de racionamiento". 
 
Cada vez que hay un "peligro de golpe" se atiborra de chucherías -- y mil otras cosas que jamás compraría en una situación normal -- para pasar la "fiesta", por lo que no podría entender lo que significa levantarse en la mañana para hacer una cola de cuatro horas bajo el sol caribeño (igualito al sol de Maracaibo, Valencia. o Barquisimeto) para comprar un rollo de papel higiénico. o conseguir grasa de res en el mercado negro para mezclarlo con hidróxido de sodio para hacer un jabón que quema la piel. No sabe lo que es echarse limón y bicarbonato en vez de desodorante, y en el país del azúcar, sentirse con suerte si puede llevar a la casa media libra mensual por familia. El venezolano cuando cuela un café, bota la borra, por lo que de nada sirve contarle que en Cuba, la borra del café ya mezclado con chícharo tostado, se usa una y otra vez hasta que lo que salga de allí sea un líquido amarillo claro.
 
Todavía el gobierno de esta noble patria, Venezuela, no ha mandado a un solo muchacho venezolano a morir en Angola, Mozambique, Etiopía, Yemen, Vietnam, Zimbabwe, el Congo Belga, Afganistán, Vietnam, Camboya, Bolivia, Colombia, El Salvador... Nicaragua o Grenada, en lo que en Cuba se llaman "misiones internacionalistas". 
 
Tampoco sabe lo que es dedicarle los fines de semanas a cortar caña sin derecho a ser remunerado. En eso el gobierno cubano es muy constitucionalista cuando aplica el artículo 45 que dice: "Se reconoce el trabajo voluntario, NO REMUNERADO, realizado en beneficio de toda la sociedad, en las actividades industriales, agrícolas, técnicas, artísticas y de servicio, como formador de la conciencia comunista de nuestro pueblo...
 
Un venezolano no se puede imaginar ni por un momento que en su propia patria se le vaya a prohibir la entrada a un hotel por el simple hecho de ser venezolano, como es el caso de Cuba, donde los esbirros de Castro no permiten que los cubanos entren a los hoteles que están destinados únicamente para los turistas extranjeros.  El pueblo de Venezuela tiene - todavía - esperanzas en organismos internacionales como la O.E.A., por lo que de nada vale explicarle que  Cuba fue expulsada de ese "club" hace 35 años y eso a Castro ni le quitó el sueño de una siesta.
 
Todavía los venezolanos creen que los americanos van a sacarles las castañas del fuego, cuando "la cosa se ponga fea."; ellos no vivieron el "embarque" de Playa Girón, cuando nuestros muchachos de la Brigada 2506 que lograron llegar a tierra -- unos 1350 brigadistas - fueron total y absolutamente abandonados en las playas con lo que llevaban consigo. El venezolano no sabe que el combate en Girón no cesó durante un solo minuto de las sesenta y ocho horas que duró.  Tal vez jamás se enteraron que los barcos de la marina "americana" se veían a simple vista alineados en posición de "combate" frente a las costas cubanas pero que en realidad no se encontraban en posición de combate, sino en posición de "observación".  No les han dicho a los venezolanos que había incluso un porta-aviones, "El Essex", que a las pocas horas de la batalla comenzó a alejarse junto a los demás buques "de guerra" que se suponía brindarían el soporte mar-tierra y aire-tierra que requiere toda invasión tradicional, abandonando a nuestros muchachos que nos venían a liberar a la suerte, viéndose obligados a depender exclusivamente de los pertrechos, el agua y la comida que llevaban con ellos.
 
Ningún venezolano jamás vio erguirse en las playas de Girón y en medio de la metralla al líder cubano de aquella gesta heroica, Manuel Artime, ni lo oyó sentenciar al tiempo que miraba hacia los barcos "amigos" girar a casa: "En las estelas de esos barcos van doscientos años de infamia..." Todavía es muy temprano para hablarle al venezolano de lo que significa vivir en un país sin ley donde la constitución se invoca pero se viola al son de la conveniencia del tirano. aunque ya están comenzando a entrar en materia en este campo. El venezolano no sabe lo que es vivir en un país sin periódicos, sin radios y sin televisión que no sean los que controla el Estado, como es el caso de Cuba. 
 
Para él es muy fácil saber el itinerario de una marcha, porque se anuncia en todos los medios de comunicación de la oposición. Cuando se queden sin medios, entonces podrán comenzar a entender un poco nuestro drama.  El venezolano no sabe lo que es vivir sin un Leopoldo Castillo, sin un José Domingo Blanco, o una Martha Colomina, un Kiko Bautista, o un Nelson Bocaranda Sardi. Los cubanos tienen que depender de Radio Martí o La Voz de Las Américas y oír las noticias que hablan de libertad y esperanza en un radio transmisor con baterías recargadas con orine y mantenidas en los congeladores. y hacerlo bajito para que el vecino no los oiga y los delate ante el presidente del Comité de Defensa de la Revolución.
 
Las mujeres venezolanas no tienen por qué temer cuando les llevan gallinas y maíz a los infelices soldados sacados de los estratos más humildes de la población, porque estos no fueron entrenados para calar sus bayonetas atravesarlas con ellas. De nada vale asegurarles que una "maroma" similar en Cuba es simplemente impensable y que con tan solo pensarlo comenzarían a purgar treinta años en un fortín heredado de la colonia española, si llegasen a sobrevivir a la gracia. Los venezolanos están acostumbrados a vivir en un país en donde las noticias de masacres producidas en una marcha o en una plaza les dan la vuelta al mundo y de ellas se hablan una y mil veces, sin embargo, no podrían imaginarse vivir en un país donde los esbirros del gobierno ametrallan en altamar un remolcador - como el "13 de Marzo" - repletos de hombres, mujeres, ancianos y niños. que pretendían llegar a tierras de libertad, tal y como sucedió el fatídico 13 de junio de 1994, sin que la prensa mundial moviera un dedo para escribir una nota de protesta. 
 
Al venezolano no se le puede meter miedo con el paredón, porque - como ya he dicho --ellos no saben de "eso".  Posiblemente jamás hayan oído hablar de cómo en la Cuba de Castro se le extraen a los condenados a muerte hasta la última sangre del cuerpo antes de ser fusilados, cuando se encuentran amarrados al poste del cadalso.  
 
Nunca un venezolano ha oído a sus muchachos y muchachas gritar "¡Viva Cristo Rey!" antes de recibir la descarga del pelotón de fusilamiento. Ellos no entienden cómo Armando Valladares se pudo haber quedado inválido en las cárceles cubanas, porque en las cárceles infrahumanas venezolanas, los familiares de los presos tienen la libertad de llevarles buena comida y medicina, además de visitarlos dos veces por semana.  No se imaginan que en Cuba un preso puede pasar años sin ver a su familia y muchos de ellos, los llamados "plantados", llevan décadas en calzoncillos, sufriendo la inclemencia del duro invierno cubano, sin entrar en detalles de cómo son  "bayoneteados" por los guardias por exigir dignidad.
="text-align: justify"> 
Para un venezolano es difícil aceptar que el General Acosta Carles maltrate a sus mujeres con una llave de judo, porque seguramente no ha visto cómo la poetisa disidente cubana, María Elena Cruz Varela, fue arrastrada por los pelos por una turba castrista y sacada de su casa --- escalera abajo ---, ultrajada hasta lo indecible y luego de romperle la boca a punta de patadas y palos, le hicieron comer sus poesías delante de su hijita más pequeña y las cámaras de televisión sin que pasara nada ni la OEA le extendiera una medida cautelar para que fuese respetada por el régimen de su país.  Al cubano - en su sano juicio - jamás se le ocurriría "eso" de irse a Washington para que la OEA le otorgue una "medida cautelar".  Para empezar, no puede salir de Cuba para llegar a Washington y de llegar allá, probablemente se quedaría de una buena vez.
 
Si un venezolano pudiese leer el manifiesto que Marta Beatriz Roque y sus tres compañeros redactaron e hicieron publicar fuera de Cuba - "La Patria es de Todos" - le costaría mucho pensar que por tan ingenuo documento en donde se delata - entre otras cosas - unos cuantos hechos de corrupción cometidos por miembros del gobierno castrista, estos valientes cubanos hayan tenido que sufrir años de prisión y torturas, salvándose del paredón gracias a las protestas de personajes internacionales como Nelson Mandela, el líder del Partido de los Trabajadores del Brasil: Marcos Rolím. y hasta Hebe de Bonafini, presidenta de las "Madres de la Plaza de Mayo" en Argentina.
 
Tal vez suene duro, pero los venezolanos - todavía - no sabrían evaluar la valentía del pueblo cubano porque, entre otras cosas, no conocen a sus mártires contemporáneos. Tal vez llegue el momento - Dios no lo permita - en que muchos, los que puedan, tengan que tocar las puertas de otros países hermanos y bondadosos, tal y como millones de cubanos nos vimos obligados a hacer para huir de una pesadilla que no ha tenido fin, para criar a nuestros hijos en tierras libres, donde poder orar en nuestras iglesias sin temor a ser repudiados o encarcelados. Sería muy triste que si eso llegase a suceder, al pasar cuatro décadas, salga un comunicador social por ahí, en donde quiera que un venezolano se encuentre, y diga que en Venezuela los venezolanos, en vez de conquistar la libertad con el filo del machete, marchaban con cacerolas, pitos y pancartas, y al son de la samba, razón por la cual era lo más lógico que Chávez se apoderara de la tierra de Bolívar.
 
Quizás muchos venezolanos no sepan o se hayan olvidado ya, que muchos de nosotros organizamos y dirigimos parte de la lucha contra las guerrillas comunistas que intentaron adueñarse de Venezuela en los años sesenta. Nuestro pueblo cubano es heroico y lo ha sido siempre, aún hoy lo es. Maria Grajales, madre de nuestro padre, el General Antonio Maceo y Grajales - "El Titán de Bronce",  quien dio su vida por la libertad de Cuba, y en el campo de guerra -- tras perder a todos sus hijos en la guerra de independencia, le dijo al único que le quedaba: "y tú, empínate y apúrate en crecer para que des también la vida por Cuba".
 
Amigo Leopoldo, le ruego respete a un pueblo que por demás lo admira y lo cuenta entre sus filas para morir juntos en la misma trinchera, de llegar el momento.  No irrespete, por favor, la imagen de nuestros héroes, aquellos que lo han dado todo por la Cuba de hoy y de siempre.  No irrespete el honor de mujeres cubanas como Tania Díaz Castro, María Elena Cruz Varela, Marta Beatriz Roque, Berta Antúnez Pernet, Maritza Lugo y muchísimas otras más que han dado muestras de verdadero heroísmo ante la ignominia castrista.
 
Mientras los padres y madres venezolanas arrullan a sus hijos con canciones de cuna muy hermosas, mi esposa y yo lo hicimos con poesías sacadas de los campos de batallas de nuestra Cuba contemporánea como este que a continuación le regalo, el cual trata de un niño cubano que dio su vida en la Batalla de Playa Larga (Bahía de Cochinos), hace unos días, el 18 de abril de 1961:
 
"Batallón 2, señor, de Infantería", me dijiste orgulloso, Felipito Rondón, cuando a qué batallón pertenecías, te pregunté, después de una inspección. Mirabas tu cañón sin retroceso con tu rostro infantil tan arrobado, que me luciste un chico muy travieso que estuviese jugando a ser soldado. Después vino lo heroico, en Playa Larga. Tu batallón, derroche de bravura, hizo que la sonrisa roja fuese amarga cuando la Patria se creció en altura. Después, vino aquel tanque, el tanque ruso que perforó las líneas avanzadas. Aquel Goliat de acero que se expuso a retar el valor de la Brigada. Y tú, David del mundo de Occidente, te plantaste ante él, altivo, entero, con tu cañón que era insuficiente para parar aquel monstruo de acero. Fue breve. No falló tu puntería. La explosión te lanzó al suelo inconsciente.Y aquella bestia herida, en agonía, pasó sobre tu cuerpo adolescente. Y te imagino altivo, sonriente ante ese Dios que tanto tú querías, seguro,  Felipito, le dirías cuadrándote ante Él militarmente: "Batallón 2, Señor, de Infantería".
 
Amigo Castillo, cuando usted vaya a hablar de la valentía del pueblo cubano, le ruego - y me disculpa - que primero se lave bien la boca. Viva Cuba, ¡carajo!
 
Con todo mi respeto para usted y su pueblo, Robert Alonso Nacido con mucho orgullo en la ciudad de Cienfuegos, llegado a Caracas - junto a mil y tantos cubanos más -- el 23 de septiembre de 1961, en el último viaje que hiciera el buque de carga "El Marqués de Comillas". Casado con Siomara María Etcheverry, nacida con mucho orgullo en la ciudad de La Habana, llegada a Caracas el 13 de agosto de 1960. Padre de cuatro hijos ¡venezolanos!: María Carolina, Carlos Alberto, Alejandro Enrique y Eduardo José.  
 
Robert Alonso
robertalonso2003@cantv.net
 
Diciembre 24, de 2002
 
 
Visite también
La Tragedia interminable
 
Haga Click
Venezuela 
vive tiempos terribles