christiaanbarnard

CHRISTIAAN BARNARD
PIONERO EN TRANSPLANTES 
DEL CORAZÓN.
(TAMBIÉN, SENTIMENTALMENTE,
ROMPIÓ CORAZONES)
Cuando Christiaan Barnard llegó a Miraflores (Palacio de Gobierno de Venezuela) en 1969, invitado por el presidente Rafael Caldera, se produjo una conmoción en todas las oficinas, con secretarias y periodistas dejando de lado sus tareas rutinarias para correr a atisbar al ilustre visitante.
 
La posterior rueda de prensa, en uno de los salones del palacio, fue una de las mas concurridas de que tiene memoria la historia del lugar. El doctor era apuesto. Con brillantes ojos azules, una sonrisa radiante y una persuasión seductora. Recuerdo que contesto todas las preguntas que le hicimos los periodistas sin vacilar en ninguna. Y se me grabó una de ellas, sobre lo que más le había impactado durante su primera operación en un ser humano: Contesto."ver el hueco en la cavidad toráxica... donde había estado el órgano enfermo".
 
Hacia solo dos años que el doctor había llevado a cabo el primer transplante de corazón en el hospital Groote Schuur en Ciudad de Cabo, Sudáfrica.
Barnard había experimentado por largo tiempo con animales, especialmente perros. Pero su primera oportunidad con seres humanos se le presento el 3 de diciembre de 1967, al recibir la noticia de que una mujer de 25 años había muerto en un accidente de transito y sus familiares estaban dispuestos a donar su órgano.
 
El corazón fue colocado rápidamente en el pecho de Louis Washkansky, un comerciante de alimentos de 53 años, quien sobrevivió 18 días la operación.

Barnard se convirtió de la noche a la mañana en una celebridad internacional. Recibió gran cantidad de homenajes y realizó giras por numerosos países.
El apuesto doctor fue recibido por las personalidades mas sobresalientes del momento. Departió con artistas de cine y miembros de la realeza.
 
(A la izquierda, con la Princesa Grace de Mónaco, en agosto de 1968)
Y de paso recibió la incondicional adulación de las mujeres. Su matrimonio con el primer amor de su vida no tuvo ningún chance de sobrevivir la voragine de su nueva vida. Se divorció de Alletta Gertruida Louw, una enfermera con quien se había casado en 1948, en su época de privaciones cuando era un ambicioso doctor que siempre se quedaba en el hospital trabajando horas extras.

Después de este fracaso sentimental, Barnard se casó otra dos veces. Pero las uniones no duraron y también terminaron en divorcios. Tuvo seis hijos a quienes apenas veía los fines de semana. Llego un momento en que tuvo que sopesar que, por un lado existía su éxito en medicina con los trasplantes de corazón, y por el otro su incursión en los corazones sentimentales donde fracasaba rotundamente.
Comprobó que los corazones femeninos y la vida matrimonial no eran para él. En los últimos años prefirió la soltería. Era mejor estar acompañado de bellas mujeres, pero sin llegar a compromisos.
Hijo de un predicador calvinista, Barnard nació el 8 de noviembre de 1922 en Beaufort West, una pequeña ciudad del sureste de Sudáfrica. Su familia cree que la muerte de uno de sus hermanos, victima de una enfermedad cardiaca, origino el deseo de entender más sobre el corazón y fue el comienzo de su vocación.

Barnard inició su carrera médica en Ciudad del Cabo, pero se especializó en cardiología en la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos en 1958.

Después de su primicia mundial, Barnard y su equipo multiplicaron los trasplantes. Sin embargo su brillante carrera profesional se vio de pronto opacada por un debilitamiento de sus manos. 
Como cirujano no podía temblar con un bisturí y debió dejar de operar en 1983 debido a una artritis reumatoide, después de haber llevado a cabo cientos de transplantes.
Pero Barnand no se retiró por completo de su profesión. Escribió varios libros sobre sus experiencias incluyendo "El Donante", "Cincuenta maneras para tener un corazón saludable" y dicto numerosas charlas.
Además de otros meritos dentro de su campo en la medicina, Barnard se destacó por haber ignorado los prejuicios y las barreras raciales, a pesar de que los años más importantes de su carrera transcurrieron durante la era de segregación racial en Sudáfrica. (Fue el primer doctor en usar enfermeras negras en la sala de operaciones y transplanto el corazón de una mujer blanca en un hombre negro).
En los últimos años se dedicaba a complejos experimentos genéticos para descubrir una cura contra el envejecimiento, pero era además, consultado periódicamente por colegas sobre problemas derivados de los trasplantes
de corazón.
Paradógicamente su muerte hoy, a los 78 anos, puede haberse debido a un paro cardiaco, luego de un ataque de asma producido al borde de una
piscina del Coral Beach, un lujoso hotel donde se alojaba en la localidad de Paphos en el oeste de la isla de Chipre.
Las controversias, generadas debido a que llevo a cabo trasplantes sin que se conociera lo suficiente sobre el rechazo natural del cuerpo a órganos implantados y su caótica vida sentimental, se neutralizan frente a su valor en haber sido el primero en atreverse a hacer algo distinto. Como escribió en  "El Donante":
"Para un ser humano que esta con los días contados, no es una decisión difícil (el acceder a ser operado para recibir un trasplante)... ya que es una manera de prolongar la vida. Es como si un león te persigue hasta las orillas de un río lleno de cocodrilos, tu vas a saltar al agua, convencido que hay una oportunidad más de llegar al otro lado..."

Chriatiaan Barnard siempre estuvo seguro que, pese a los obstáculos, hay otra orilla que alcanzar y muchas veces vale la pena hacer el esfuerzo.
Con el correr de los años, el desarrollo de drogas que impiden el rechazo del trasplante, nuevas experiencias y tecnologías han hecho este tipo de operación algo rutinario. Se estima que se han llevado a cabo unas 100 mil intervenciones de esta clase alrededor del mundo.
 
Hoy este procedimiento se efectúa en 160 hospitales de los Estados Unidos, 2 mil 100 operaciones cada año y cientos internacionalmente, con sólo la falta de donantes como el problema mas grave. Esta falta de donantes ha llevado a los investigadores científicos a tratar de hacer popular el trasplante del corazón artificial, que ya está siendo probado con éxito en un paciente en Estados Unidos.
 
Por Angélica Mora
angelicamorabeals@yahoo.com
Washington, 3 de septiembre de 2001
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