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El caso Montesinos
Venezuela en jaque
 
por: María Teresa Romero

El ministro Miquilena afirma que la polémica en torno al caso Montesinos ya llegó a su fin; el canciller Dávila y el vicecanciller Arévalo Méndez opinan que el impasse diplomático con Perú 
"es sólo un pase de luna", al tiempo que aseguran que las relaciones venezolano-peruanas volverán pronto a la normalidad. Ojalá así sea, pero la realidad es otra y los mensajes amiguos hasta ahora emitidos desde Perú no hacen ver nada fácil la superación de la crisis.

En efecto, la inapropiada y sospechosa actuación del Gobierno venezolano en la estadía, captura y deportación de Vladimiro Montesinos, así como el posterior manejo diplomático del caso, están más vigentes que nunca dentro y fuera de Venezuela.
 Ni la protesta ante los países del Caricom por el inesperado desconocimiento de la soberanía venezolana sobre isla de Aves, ni el sorpresivo anuncio del ascenso a general en jefe de Lucas Rincón, han logrado acallar las fuertes criticas y las crecientes dudas que azotan la credibilidad y confianza del Gobierno revolucionario de Hugo Chávez.
 

Tampoco han sido suficientes los airados discursos presidenciales culpando del episodio al "pachique adeco-copeyano", al propio ministro del Interior peruano, o a la conspiración internacional que se teje en su contra.
Al presidente Chávez pocos le creen, y lo que es peor, hasta se burlan de él en el exterior llamándolo payaso y mentiroso como fue el caso del editorial del diario La República, el cual finaliza con esta perla: "el lamentable espectáculo que los peruanos pudimos seguir por televisión (se refieren a la cadena presidencial) hace dos noches producía vergüenza ajena. No vale la pena entrar en polémica con un gobernante desacreditado". Todo este episodio y la lamentable actitud del presidente Chávez también nos avergüenza a la mayoría de los venezolanos.
 

Cuando un gobierno pierde de tal manera su prestigio, los argumentos válidos -como es el caso de que el Gobierno peruano violó la soberanía nacional al no dar información y dirigir operaciones policiales en territorio venezolano- no son respetados. Aun cuando el Gobierno venezolano lograra comprobar que no protegió a Montesinos, su imagen quedaría de todas maneras marcada por la forma irrespetuosa con que se dirigió al Gobierno de Valentín Paniagua.
¿Tenía necesidad el presidente Chávez de reaccionar de esa manera, y de llevar las relaciones de dos países socios de la Comunidad Andina al umbral de una ruptura diplomática? 

 
 
Bien ha podido nuestro Presidente manejar de una forma más acertada y diplomática sus reclamos. Echó mano, sin embargo, a su táctica de siempre: atacar para defenderse, y con ello lo único que logró fue incrementar la matriz negativa de opinión existente.
 

 

A ninguno de los dos países le conviene una ruptura total de relaciones. Resultarían afectadas las exportaciones petroleras de 323 millones de dólares de Venezuela a Perú; las inversiones peruanas de 6 millones de dólares a nuestro país; y una balanza comercial -superavitaria para Venezuela- de aproximadamente 545 millones de dólares. También significaría un duro golpe para el proceso de integración andina, y produciría un mayor aislamiento de Venezuela en el contexto regional.

Pero la superación del conflicto no será tan fácil como piensa el Gobierno venezolano y puede que el congelamiento de relaciones se extienda mucho más allá del próximo 28 de julio, fecha en que asumirá la presidencia Alejandro Toledo. 
Así lo hacen pensar las recientes declaraciones del propio Toledo quien ha apoyado enteramente las decisiones tomadas por el actual Gobierno de su país; ha puesto en duda la reiterada aseveración del Gobierno venezolano de que no sabía nada del prófugo y que no se encontraba en territorio nacional, al hacer conocer a la opinión pública que el presidente Chávez le había pedido un "favorcito" como condición para entregarle a Montesinos; y además ha reiterado que durante su gobierno luchará con ahínco en contra de cualquier régimen autoritario de fachada democrática.
 
Es cierto que autoridades peruanas han afirmado que pese al impasse las relaciones entre Perú y Venezuela no están comprometidas y que desean su pronta normalización. 
 
Mas también han dicho que el enfriamiento no lo inició Perú. El mensaje es claro: es al Gobierno venezolano a quien le corresponde propiciar la distensión diplomática. Me da la impresión que los peruanos mantendrán por un buen tiempo en jaque y a la expectativa al Gobierno venezolano.
Domingo 8 de julio de 2001
* Politóloga y analista internacional
E- Mail mtromero@visionvenezolana.com

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