- La prensa internacional, a un
año de la muerte de John Kennedy Jr.
- localiza a Carolina Kennedy Schlossberg
La revista "People" hace un extenso reportaje que titula "La
vida continúa", en dicho reportaje se destaca que esta mujer signada
por la curiosidad del gran público
- "Con gracia y discreta decisión,
ella alimenta el recuerdo
de sus padres y su querido hermano, a quien perdió hace hoy un año"
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Leemos en
"People", un reportaje sobre esta mujer, que nació, creció y
ha vivido seguida por el lente de miles de cámaras fotográficas, y
observada por la gente en todos los puntos del mundo. Es así que aquí,
en "Mujeres del Tercer Milenio", referimos uno de los tantos
reportajes que llenan muchas y muchas revistas y acaparan centimetraje de
periodicos.
Al cabo de
todos estos meses, la trabajadora social Rosa Pardo se emociona al recordar el
desayuno que compartió en diciembre con Carolina Kennedy Schlossberg. |
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- "Me
senté justo a su lado y le dije que le había puesto a mi hija el nombre de mi
madre, y me dijo: 'Mi hija Rose se llama como mi abuela'", dice Pardo. Una
de las cuatro personas que recibió el Premio a la Heroicidad John F. Kennedy
que otorga la Fundación Robin Hood, obra de caridad que John había respaldado
durante mucho tiempo, Pardo, honrada por sus esfuerzos para impedir el maltrato
de los niños, descubrió que Carolina se sentía tan nerviosa como ella al
tener que pronunciar un discurso. "Me dijo: 'Espero no parecer una
idiota'", cuenta Pardo. "¡Eso era precisamente lo que me decía yo
misma! Carolina es una persona como cualquier otra". Más tarde, cuando
otro de los premiados, Marc Washington, un joven de 25 años, quien trabaja con
los muchachos de la calle, rompió en llanto mientras narraba la muerte violenta
de su hermano, Carolina lo abrazó y lo animó a "mantener las
fuerzas". Dice Pardo: "Transmitía tanta elegancia y gracia. Carolina
fue absolutamente amable".
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En
este acto fue una de las primeras apariciones públicas de Carolina desde el 16
de julio de 1999, cuando ocurrió la muerte de John, de 38 años, su esposa,
Carolyn Bessette, de 33, y su hermana Lauren Bessette, de 34, al estrellarse el
Piper Saratoga que John piloteaba costa afuera de la isla Martha´s Vineyard. La
aparición era indicio, además, de cuánto desea honrar a su querido hermano la
única sobreviviente del núcleo familiar de John F. Kennedy. |
- "Dijo que
estaba aquí para apoyar lo que John quería", dice Washington.
"Expresó que deseaba continuar la obra que tanto le importaba a
John". En su estilo discreto y digno, Carolina, de 42 años, estaba
haciendo saber que se proponía hacer por su hermano lo que ha hecho durante
mucho tiempo por su padre y su madre: preservar, proteger y avivar su recuerdo.
"La leyenda de los Kennedy es su privilegio", afirma Stephen Hess,
estudioso de la institución presidencial. "Esa es su herencia".
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| Si
bien tiene un peso considerable en Carolina, la más reservada de la familia y
la menos dada con la prensa, tal legado no es nada que se manifieste en ella.
"Está haciéndolo de maravilla", sostiene Edwin Schlossberg, de 54 años,
su esposo desde hace casi 14 años. Con su gracia y determinación características,
Carolina continúa haciendo malabares con sus tareas públicas autoimpuestas y
el papel que desempeña en privado y que siempre ha ocupado un lugar
preponderante: el de madre de Rose, de 11 años; Tatiana, de 10, y John, de 7.
"Demuestra mucha entereza y dominio de sí misma", dice Peter Duchim,
quien es director de una banda musical y amigo tanto de Jackie como de Carolina. |

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"Es una mujer muy balanceada y segura psicológicamente". Y añade un
viejo amigo de Harvard, quien, como muchos de sus amigos, pide no ser
identificado por temor a ser apartado debido a la feroz necesidad de Carolina de
resguardar su intimidad: "Está haciéndolo infinitamente mejor de lo que
cualquiera hubiera esperado".
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- En la gala
del 8 de mayo que inauguró la temporada del American Ballet Theater en el
Metropolitan Opera House de Nueva York, acontecimiento que comenzó a presidir
en el lugar de su madre un año después de la muerte de Jackie en 1994,
Carolina realzó su elegante figura con un Carolina Herrera con talle de
lentejuelas y falda de crepé. Lucía relajada y contenta mientras compartía un
palco delantero con Tipper Gore. Más tarde, durante el banquete formal, se
volvió hacia Aileen Mehe (amiga de su madre, conocida también como Suzy por
los lectores de su columna de sociedad) y le preguntó en broma: "Después
del mío, ¿cuál es el vestido más bello del salón?".
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- Carolina
volvió a figurar públicamente el 22 de mayo, cuando viajó a Boston para
presentar el Premio al Valor de la Biblioteca John F. Kennedy. Este año, el
premio, que Carolina contribuyó a fundar junto con su madre y su hermano en
honor a su padre, fue un acontecimiento dulce y amargo a la vez, con un empate
en el primer lugar. La ganadora, la senadora por California, Hilda Solís,
premiada por intensificar la protección ambiental en comunidades donde viven
minorías, es la primera mujer que recibe el galardón. ("Sé que Carolina
tuvo mucho que ver con eso", señala Elaine Jones, quien ha formado parte
del jurado del premio). Asimismo, es la primera vez que Carolina va a presidir
el acto sin John. "El hecho de entregar el premio por sí sola la hace
acreedora de un Premio al Valor", dice John Perry Barlow, un antiguo amigo
de John.
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- Si bien la
tristeza continua de Carolina es evidente para los amigos cercanos, según ellos
el sentimiento es tan intensamente personal que casi nunca menciona el nombre de
John. "Este primer año, Carolina ha venido tratando de superarlo",
dice un amigo íntimo de la familia. En el aniversario de la muerte de John no
habrá ni una gran reunión de los Kennedy ("son demasiados recuerdos
presentes", comenta un amigo) ni un homenaje público. "Carolina lleva
una gran carga emocional que requiere tiempo para sanar", dice un conocido.
"Aún está de duelo, pero tiene que reunir entereza para sus hijos y debe
conducirlos por todo este proceso".
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- Un símbolo
de su aflicción pende de la pared en la oficina privada en el Senado de Ted
Kennedy, el patriarca familiar. En un pedazo de papel colegial de rayas, el hijo
menor de Carolina, quien era sobrino y ahijado de John Jr., escribió:
"Querido tío Teddy: ¿quieres ser mi padrino? Te quiero, Jack". Pende
al lado de una nota que JFK escribió a lápiz cuando era estudiante de
bachillerato: "Queridos padres: Es la noche previa a los exámenes, de modo
que escribiré más después. Los amo, Jack. P.D. ¿Puedo ser el padrino del bebé
[Teddy]?" La respuesta fue "sí".
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- Si bien
Carolina encuentra consuelo en su fe, sus familiares y sus deberes públicos, lo
que la mantiene centrada es la vida que comparte con sus hijos y su esposo,
quien es escritor y diseñador de medios interactivos. "El centro
fundamental de su vida son sus hijos", dice un amigo. En su confortable
apartamento de Park Avenue ("Lindos objetos, pero nada que pudiera
encontrarse en Architectural Digest", comenta un observador), Carolina se
ocupa de los resfriados, las tareas y las comidas de sus hijos, y con frecuencia
prepara la cena, aun cuando dispone de ayuda hogareña permanente. En ocasiones
especiales, Joseph Spadaro, quien se ocupa del cabello de Carolina y del de sus
hijas, en un salón de belleza de Madison Avenue, se ha acercado al apartamento
para arreglarle el cabello. "Es una casa con niños que juegan",
comenta. "No dice: 'Espera en el salón, mi amor'. Cuando terminamos,
vienen corriendo y dicen: 'Mami, te ves linda'".
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- Con mucha
frecuencia, vistiendo unos jeans y sin llevar maquillaje, Carolina camina con
sus hijas hasta el colegio privado para niñas al que asistía ella misma.
"Allí se le ve mucho, con el perro, buscando a sus hijas", indica una
conocida. En su calidad de miembro del consejo, Carolina ayuda a establecer las
normas del colegio y escribe artículos para la publicación escolar trimestral.
Su esposo, quien es un padre activo, contribuyó a diseñar el laboratorio de
computación de la escuela. "Asisten a las reuniones nocturnas de padres y
maestros y a los encuentros cuando las niñas actúan", afirma una
conocida. "Las niñas han recibido una crianza sólida y sin
frivolidades".
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- Desde la
muerte de John, la familia ha viajado en varias ocasiones. "Se apartan de
las multitudes y van a donde nadie los conoce y haya tranquilidad", dice un
amigo. En septiembre, Shelby Foote, experta en la Guerra Civil, les ofreció a
los Schlossberg y las familias de Ted Kennedy y Kathleen Kennedy Townsend,
vicegobernadora del Estado de Maryland, un recorrido privado por el campo de
batalla de Antietan, cerca de Sharpsburg, en Maryland. Durante la fiesta de Acción
de Gracias, Carolina y sus hijas visitaron los campos de equitación de
Middleburg, Estado de Virginia, donde Jackie enseñó a montar a la misma
Carolina. "Es maravilloso que continúe la tradición", dice Eve Fout,
antigua compañera de equitación de Jackie.
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- Asimismo,
Carolina se retira con frecuencia a la casa de dos pisos que los Schlossberg
utilizan para pasar los fines de semana en Sagaponack, Long Island, Estado de
Nueva York. "Viene regularmente a misa y trae a sus hijos", dice el
sacerdote Patrick Callan, de la iglesia de la Santísima Señora del Rosario, de
la cercana localidad de Bridgehampton. "Posee una gran fe que la
reconforta".
| La casa,
situada detrás de un alto cerco de setos, también brinda resguardo de la
prensa sensacionalista, la cual ha llenado el vacío creado por su silencio con
rumores infundados. Según uno de esos rumores, Carolina se propone vender la
propiedad de su madre en Martha´s Vineyard, lo cual es negado rotundamente por
un vecino de la isla. Asimismo, sigue circulando que el matrimonio de John con
Carolyn Bessette fue tempestuoso. |
- Un día de paseo en familia,
- con dos de
sus hijos:
- Tatiana, de 10 años, y John, de 7.
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- Además, otras fuentes afirman que la relación
entre las cuñadas también era tensa. "Carolina y Carolyn reñían
respecto al estilo de vida de Carolyn y las personas de que se rodeaba",
dice Edward Lein, biógrafo de Jackie. "John y su hermana vivieron un
enfriamiento de sus relaciones porque él defendía a su esposa". John
Davis, primo del lado Bouvier de la familia de Jackie, afirma que Carolyn
"no era cercana a Carolina", pero insiste en que John y Carolina
"continuaron siendo muy unidos".
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- Fuera de la
familia nuclear, Carolina se apoya con más frecuencia en su tío Ted. Durante
un encuentro para recaudar fondos para el senador, celebrado en noviembre,
Carolina dijo en sus palabras introductorias: "Sin Teddy, no creo que
hubiera podido superar los últimos meses". De igual manera, hay indicios
de que, tras décadas de seguir los pasos de su madre y mantener cierta
distancia de los primos Kennedy más ásperos, Carolina pudiera estar renovando
los lazos familiares. En una rara entrevista concedida para un segmento de 60
minutos II, sobre Ted, Carolina dijo que desde la muerte de John había crecido
su reconocimiento "de cuán afortunada soy de formar parte de nuestra
familia".
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- Su trabajo le
brinda consuelo y la vincula con aquellos que ha perdido. Si bien no habla
directamente de mantener la tradición familiar, un miembro de la organización
del Premio al Valor dice que Carolina "lo dice con sus acciones". En
su calidad de presidenta del Consejo de la Fundación de la Biblioteca JFK,
Carolina "representa a su padre" con determinación, sirviéndole de
"guía a su biblioteca", enfatiza Paul Kirk, presidente del Consejo.
Para la exhibición que inauguró una biblioteca el 27 de mayo acerca de los
viajes al exterior de Jackie, Carolina seleccionó y donó cuadros del
patrimonio de su madre. El gesto, dice un confidente, "ha sido sentimental
y al mismo tiempo gratificante".
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- Otras tareas
han sido más arduas. "El año pasado, Carolina deshizo el apartamento de
John y se encargó de sus efectos personales", dice un allegado a la
familia. "Aquello le resultó muy doloroso". En octubre pasado, vendió
la participación de 50% que poseía su hermano en la revista George a la firma
Hachette Filipacchi, editora de la revista. Sin embargo, aun cuando se mantiene
vigilante de los recuerdos de su familia, Carolina parece más interesada en
resguardar a sus hijos de su triste herencia que en compartirla. "Dirige el
espectáculo con firmeza decidida", señala un conocido. "Se siente
que no desea transmitirles ese 'legado' a sus hijos". En cualquier caso,
opinan algunos, está equivocándose en sentido opuesto. "¿Recuerdan
cuando su hija les sacó la lengua a los fotógrafos?", pregunta el biógrafo
Klein, aludiendo a las payasadas de Rose durante el funeral de John.
"Obviamente, fue la consecuencia de absorber la actitud que tienen sus
padres hacia la intrusión de los medios de comunicación en sus vidas
privadas".
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- La defensa
que Carolina hace de su intimidad es más que una pose. Es una misión y es
probable que termine siendo su propio legado. Los dos éxitos de ventas
editoriales que escribió conjuntamente con Ellen Alderman, su compañera de
estudios de Derecho, En defensa nuestra: la ley de los derechos en acción, de
1991, y El Derecho a la intimidad, de 1995 exploran la naturaleza de la
intimidad. De acuerdo con Esther Newberg, su agente literario, el dúo no está
trabajando actualmente en ningún otro proyecto. Sin embargo, recientemente
publicaron un extenso escrito titulado Ansias de intimidad en el sitio web
Mighty Words. "Si no protegemos nuestra intimidad, esta nos será
arrebatada", escribieron. "Y si aceptamos la intrusión, nos
condicionaremos a desear menos intimidad de la que nos merecemos en una sociedad
libre".
- Casados
desde hace 14 años, Carolina y
- Edwin
Schlossberg comparten
- al máximo su vida juntos.
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Esta decidida
actitud puede resultar severa. Algunos amigos que evocaron afectuosamente, pero
en público, recuerdos de John luego de su muerte, descubrieron rápidamente que
se habían convertido en personas no gratas. "Carolina no me habla y eso
que yo la adoraba", dice un viejo miembro del personal de los Kennedy.
Klein añade: "Carolina es toda una Kennedy: no hay que molestarse sino
quedar a mano". |
- ¿Según qué otro credo podría vivir, dada la forma en
que los medios tratan a los Kennedy? Algunos observadores consideran
insoportable tal intransigencia. "En su calidad de activista y de mujer que
ha escrito acerca de la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU, no puede
sencillamente cerrar la puerta y desaparecer", dice Helen Thomas, hasta
hace poco corresponsal de la agencia noticiosa UPI en la Casa Blanca. "No
es posible vivir de las dos maneras".
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- Aquellos que
conocen a Carolina no están tan seguros de ello. Pronostican que continuará
llevando la antorcha de la familia, mientras sigue sus propias pasiones,
viviendo cada día en sus propios términos al máximo. "Todos le dan mucho
crédito pero a nadie le importa Carolina", dice James Allee, representante
por el Estado de Massachusetts, quien fue compañero de cuarto, en la
universidad, de su primo Patrick Kennedy, representante por el Estado de Rhode
Island. "Es como una roca". Joseph Garagan, quien fue el primero de
los primos de Carolina en ser apartados alguna vez, coincide con esa opinión:
"Ese ha sido siempre un mensaje familiar de los Kennedy: recuperarse y
seguir adelante".
- JILL SMOLOWE, ELIZABETH
MCNEIL
Y JENNIFER LONGLEY EN NUEVA YORK;
Y JANE SIMS PODESTA EN WASHINGTON
Traducción Mario Bulfone