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Caracas, lunes, 27 de mayo de 2002
Carmona o el chivo expiatorio
 
por Emilio Figueredo
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados...
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacíficos,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia,
porque suyo es el reino de los cielos.
Evangelio según San LUCAS
 
Es indudable que a Pedro Carmona Estanga se le ha querido convertir en el chivo expiatorio de todas las culpas que arrastramos por dentro la mayoría de los venezolanos. En alguna medida, salvo las manifestaciones de la sociedad civil frente a la Embajada de Colombia, muchos han descargado sobre Carmona su mala conciencia. Veamos:
 
Ahora bien, me pregunto: ¿quién es el verdadero Carmona? ¿Un inconsciente que aceptó promulgar un decreto que hoy en día nadie elaboró? ¿Un hombre honesto que aceptó inmolarse creyendo que eso era necesario para salir del atolladero? ¿Un hombre que sabe rectificar cuando se percata que su equívoco?
 
Querer convertir al Dr. Carmona en el instigador de un golpe de Estado, en un pichón de dictador, es más que una insensatez: es una burda manipulación de la opinión pública. Estoy convencido que el Dr. Carmona es un hombre singularmente honesto, que nunca pretendió asumir poderes dictatoriales, que siempre se vio a sí mismo como un peón en la transición y que, si bien es cierto que se equivocó, lo hizo por falta de malicia política, por un exceso de ingenuidad que no es común en los que aspiran al poder.
 
Si realmente queremos superar la crisis, todos tenemos que afrontar nuestras propias responsabilidades en ella y no trasferirlas a Carmona, chivo expiatorio de nuestras culpas. No es ni condenándolo ni absolviéndolo que lograremos resolver la falta de conciencia de los venezolanos, así como tampoco habremos de solventar la profunda división que arroja al país a una situación límite.
 
En todo caso, Carmona no es otra cosa que la expresión del inconsciente “colectivo”. Es necesario dejar a Carmona de lado y, con verdadera disposición, sentarse “Tirios y Troyanos” a construir las bases de un nuevo país sustentado en la tolerancia y el entendimiento. Sin el concierto de todos nunca se logrará hacer de Venezuela la patria que anhelamos, en la que la paz, la justicia, la honestidad y la razón prevalezcan.
 
Emilio Figueredo
efigueredo@analitica.com
 
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