cabrerainfante
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Compartimos con los cybernautas que navegan nuestra publicación, este sentimiento, que es el sentimiento de buena parte de un pueblo, de una nación privada de la libertad, obligada al silencio y al totalitarismo de un dictador grotesco que pareciera que sólo la muerte hará que suelte la garganta del sufrido pueblo cubano.
Guillermo Cabrera Infante nos pasea por su "Nostalgia habanera", diciendo a gritos desde su exilio en Londres que lo mata la añoranza por Cuba, y que habiendo encontrado cobijo, paz y libertad en la capital británica, no logrará jamás olvidar su vieja Habana, su patria cubana y los terribles motivos que le llevaron al exilio.
 
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"Yo estoy tratando de regresar a La Habana mientras más me alejo de ella"
 
INFANTE CRECIDO
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Mientras el fuego de otros escritores de su generación decrece, el de Guillermo Cabrera Infante se inflama más. El escritor cubano no deja que el año perezca sin que quede constancia de su brillante paso por la literatura latinoamericana actual. De sus más recientes títulos, El libro de las ciudades, una amplia muestra de su turismo intelectual; Mea Cuba, en una nueva edición corregida y aumentada, y Todo está hecho con espejos, una selección de sus cuentos que aparecerá este mes en España, todos publicados por Alfaguara, conversó para El Nacional desde su exilio londinense
 
Cada gota que cae sobre Gloucester Road representa una palabra escrita. Cada gota que cae sobre el malecón representa una palabra perdida. Guillermo Cabrera Infante, lluvia de por medio, escribe desde una isla sobre otra isla. La palabra que escribe en Londres no tiene desperdicio, la palabra que no escribe en La Habana es el desperdicio.
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El que quiere estar allí está allá, él que quiere escribir de allá escribe desde allí. El exilio lo ha partido por la mitad y, sin embargo, está entero.
Guillermo Cabrera Infante siempre ha vivido rodeado de agua. De su Cuba natal, el autor de obras capitales de la literatura latinoamericana, como Tres tristes tigres, Vista del amanecer con trópico, o La Habana para un infante difunto, entre otras, ante la presencia de Fidel Castro en su país, escribe desde hace años su exilio en Inglaterra. "La verdad sea dicha, me volví escritor en el exilio".
Todo el fin de semana ha llovido en Londres. Pero hoy, por primera vez en las dos últimas semanas, el cielo lanza su anzuelo a los peatones presentando un sol cobarde entre las nubes. Entre ellos, por la húmeda acera de Gloucester Road, con el aire frío del norte que ya anuncia el último otoño del milenio de frente, la actriz Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante apenas pueden con las bolsas del mercado.
 
"Estaba acompañando a Miriam a comprar vituallas para la casa en un mercado muy bueno que han abierto prácticamente a la vuelta de la esquina. Salir con ella es un placer, conoce muy bien Londres, la conoce tan bien como Dickens. Yo no conozco Londres todavía. A veces hasta me pierdo. No es algo que me angustia, pero sí es algo que me obliga a recriminarme por mi torpeza como explorador.
 
¿Si me perdería en La Habana? No, no me perdería. No la reconocería, eso sí, pero perderme no me perdería".
 
- "El hombre no inventó la ciudad, más bien la ciudad creó al hombre y sus costumbres".
 
¿La ciudad también inventó a los escritores?
- Bueno, sí, en la medida que un escritor es un hombre. A mí me inventó La Habana, pero Londres me permitió desarrollarme como escritor.
 
- "La arquitectura, aparte de unos pocos libros, es la única forma de historia posible".
 
Viéndolo así, la historia de La Habana, aún en esta decadencia, es fenomenal, ¿no?
 
- Sí. La Habana posee una historia muy interesante. Es una historia de cuatro siglos y durante ellos ha sufrido mucho. Pero fíjate que acontecimientos terribles como la invasión de los ingleses en 1762 ayudó enormemente a crear la nacionalidad cubana. En ese entonces nos dimos cuenta que no solamente estaban los españoles en el mundo, que también existían otras naciones tan o más poderosas que España. Fue algo muy enaltecedor para los cubanos.
 
¿Sueña con La Habana?
 
- Antes tenía pesadillas con La Habana. Recuerdo una en que regresaba a ella y perdía el avión de vuelta a Londres. En otra regresaba y perdía el pasaporte y no podía salir. Ahora ya no tengo pesadillas con La Habana, ahora La Habana es una pesadilla. Una pesadilla en la vida real. Eso es lo monstruoso. Es una ciudad destruida, no como Berlín que fue destruida desde el aire, es una ciudad destruida desde la tierra. La Habana es una metáfora de Cuba: así como va La Habana, así va Cuba.
 
- En el libro recuerda que Tomás Moro escribió en Londres su Utopía.
 
¿En qué ciudad escribirá el Tomás Moro del siglo XXI su Utopía?
 
- Londres lo permite todo...
¿Sabes que aquí también Erasmo escribió su Elogio de la locura? Lo hizo en apenas dos semanas lo que es un alarde de erudición y memoria. Se lo recuerdo porque Erasmo podría fácilmente volver a escribir aquí su Elogio de la locura en este siglo y probablemente en el que viene, pero Tomás Moro no podría escribir su Utopía ni aquí ni en ninguna otra ciudad porque ya se sabe que toda utopía se vuelve una distopía, es decir todo lo contrario de lo que se pretendía.
 
- Intuimos que, en su opinión, Londres es la ciudad ideal para escribir...
 
- Lo es al menos para mí. Aquí no hay el buen tiempo que hay en Cuba todo el año. Mi escritorio y la máquina enfrentan a una gran ventana que da a la calle. Desde esa posición me siento muy contento de no tener que salir afuera. Aquí casi siempre hace mal tiempo y no me entusiasma el estar en la situación de los que pasan por la calle adheridos a los paraguas u ocultos bajo los abrigos.
 
- Arme, solamente con Londres y La Habana, su ciudad ideal.
¿Qué faltaría? ¿Qué sobraría?
 
- Ay, en La Habana faltaría lo que sobra en Londres: libertad y democracia.
 
Dice que no escogió Londres, que Londres lo escogió a usted. Escoja ahora usted: ¿qué ciudad que no sea La Habana escogería?
 
- Sería Londres. Llevo viviendo aquí desde 1967. Eso es más que la mitad de mi vida. El doctor Johnson, que hablaba de todo y que sabía de todo, decía que quien está hastiado de Londres está hastiado de la vida. Y yo no lo estoy.
-
"La isla me dejó a mí", dice en el libro.
¿Le reclama algo a la isla? ¿Qué le reclama?
 
- No, no. A la isla no le reclamo nada. Todos mis reclamos son para los gobernantes de la isla. Lo único que cuenta en la isla es el comandante, sus acólitos, la policía y la propaganda del régimen.
 
Alguna vez dijo que no se entiende este siglo sin el exilio, pero..
¿se entiende el siglo desde el exilio?
 
- El exiliado cubano está permanentemente queriendo regresar a pesar de haber huido de ese pseudoparaíso. Yo estoy tratando de regresar a La Habana mientras más me alejo de ella.
 
En La Habana existe el dicho popular: "La Habana, quien no la ve no la ama".
¿Cómo ama hoy a La Habana Cabrera Infante?
 
- A La Habana de hoy no la puedo amar. Amo a La Habana que conocí, La Habana anterior al régimen de Fidel Castro. Amo a La Habana incluso que estuvo dentro del régimen de Fidel Castro hasta esa extraordinaria metida de pata americana que fue el desembarco de Bahía de Cochinos. A partir de entonces todo se vino abajo, Fidel Castro se declaró de la noche a la mañana socialista. Algo que me sorprendió enormemente ya que él nunca había dicho que era socialista. El era fidelista. Y lo sigue siendo. Dijo que era socialista para recabar la ayuda de la Unión Soviética y ya ve cómo le fue. En La Habana, siguiendo con los dichos, dicen que ha cambiado la vaca por la chiva.
 
Salió de compras con su mujer, Miriam Gómez...
¿compró algo para usted?
 
- Sí, compré una novela de V.S. Naipul, ese estimable autor que es en mi opinión el mejor escritor de Inglaterra en estos momentos. Tenía tiempo buscándola y la conseguí en una edición de bolsillo. Es, por lo tanto, una edición liviana, que es lo mejor para los que leemos acostados en la cama. Si se cae encima de uno no hay ningún problema.
 
¿Sería el libro que se llevaría a una isla?
 
- No, me llevaría El Quijote. Lo leo constantemente. Cada vez que me acerco a algunas de sus páginas me asombra la enorme inteligencia de Cervantes y lo moderno que resulta su lectura. Por algo es el inventor de la novela moderna. Es algo que nadie ha podido repetir en este siglo, ni siquiera Joyce.
 
Para algunos usted es, desde el exilio, un Quijote en su enfrentamiento a Fidel Castro...
 
- No, no, yo soy más ancho que el Quijote.
 
Elogio de la ciudad
"El hombre no inventó la ciudad, más bien la ciudad creó al hombre y sus costumbres. Urbanidad viene originalmente de la palabra latina para la ciudad. La ciudad como la conocemos se originó posiblemente en el Asia entre el sexto y el primer milenio antes de Cristo. Pero es en Grecia donde la ciudad-Estado o polis que la idea de la ciudad llegó a su cumbre con lo que Aristóteles llamó `una vida común para un fin noble'. En Roma, creadora del imperio romano, la ciudad, Roma misma, edificada originalmente sin plan ni orden, creció hasta convertirse en un modelo de otras ciudades creadas a su imagen y semejanza. Bajo los Antoninos, Roma llegó a tener casi dos millones de habitantes, donde los ricos vivían en esplendor y los pobres en la miseria, creando lo que hasta hoy día se llaman cuarterías o solares.
 
Pero la ciudad ha sido destruida más de una vez por el hombre que creyó que la creó. Según la leyenda Nerón incendió Roma, pero Roma fue reconstruida y vive hasta nuestros días: la única ciudad que es una lección de historia. Las eras romanas viven en sus ruinas. Es, por supuesto, la Ciudad Eterna. Otras ciudades como Berlín y La Habana han sido destruidas por la guerra o por la desidia de sus gobernantes. De hecho, La Habana hoy parece una ciudad derruida, no desde el aire como Berlín, sino desde adentro. Pero Berlín, como la Roma antigua después del incendio, ha sido reconstruida, y La Habana guarda una extraña belleza entre las ruinas. Aunque, como Horacio, digo que las ruinas me encontrarán impávido.
 
Es así que he buscado en otras ciudades el esplendor que fue La Habana".
 
* Tomado de "El libro de las ciudades"
 
wpe18A.jpg (2424 bytes)Damos las gracias al Diario El Nacional
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