berrinches
 
LOS BERRINCHES TIENEN 
QUIEN LOS CURE
 
Por: Blanca García Bocaranda
Daniel, a sus 3 años sabe muy bien como lograr sus objetivos, sin mayores explicaciones, por imposibles que éstos sean.  Su arma infalible es el berrinche, capaz de avergonzar a sus padres y  confundirlos hasta no encontrar la actitud correcta de actuar contra tal manifestación de malacrianza, que usualmente muestra mientras más público tiene.
 
La mayoría de las veces los padres, en casos similares, al no saber qué hacer, se llevan al niño a rastras, o le dan dos nalgadas delante de gente que les observa como si  fuesen torturadores oficiales. Ese puede ser el inicio de una etapa de la vida infantil caracterizada por la mala conducta . Los padres consultan porque ya no aguantan más y su pequeño hijo les tiene de cabeza, empiezan las citaciones por problemas de conducta en la escuela, que a su vez repercuten en el rendimiento. Todo este cúmulo de eventos hace que los padres soliciten ayuda especializa catalogando tal actitud como un problema escolar, cuando lo cierto es que han implementado un sistema inadecuado de manejo de la situación en el hogar.
 
El consejo profesional de la licenciada María Antonieta Lozada, psicóloga del Servicio de Conducta, Desarrollo y Neuropediatría  del Centro Médico Docente La Trinidad es que “hay diversas maneras de conducir estas demostraciones de “carácter” infantil , aunque muchas veces lo implementado por nosotros como padres no sirva para ir modificando, lentamente, la conducta que deseamos detener. Por eso es vital la consulta con el especialista, quien le indicará utilizar los refuerzos cuando hacen las cosas bien, e ignorar cuando lo hacen mal. Ayuda mucho buscar que los niños modelen conductas, o imiten patrones que les proporcionemos para que aprendan lo correcto”.
 
Se pueden mejorar ciertas conductas infantiles sin tener  que agredir a los niños con maltrato físico, aunque es innegable que esa fuerza física de vez en cuando, sea capaz de detener una conducta, tajantemente, por esa ocasión. La atención es la recompensa más poderosa que tiene el niño porque al convertirse en centro de ella logra dominar a padres y maestros, de allí la importancia de revisar la conducta de los adultos, pues en ocasiones están reforzando y manteniendo conductas negativas, sin querer, e inconscientemente.
 
Muchos niños se comportan peor en presencia de los padres, que con sus tíos, o los abuelos, quienes – aunque parezca incierto- les imponen límites, mientras que los padres no. En caso contrario, si se portan mal con todos, menos con los papás, y ellos casi nunca están presentes, se presenta un cuadro problemático, el cual amerita un análisis para elaborar el cronograma donde involucremos a las personas responsables del cuidado de estos niños. Ocurre que muchos padres adoptan la actitud complaciente para manejar la culpa que siente por no compartir más tiempo con los hijos, siendo totalmente permisivos con la consecuente destrucción de una conducta que ha de cumplir un proceso.
 
LA NALGADA A TIEMPO
Hay que alertar a los padres  porque si crían niños sin parámetros, pensando que al crecer entenderán más lo necesario de cambiar las malas conductas, será tarde porque los hijos crecerán con más parcelas de poder y empeorará la carencia de control sobre todas las áreas. Las técnicas de manejo conductual, asegura Lozada, “básicamente se aplican al niño, pero si el padre no introduce la variables de modificación de la conducta indicadas por los especialistas sobre el manejo del niño en el hogar, es poco lo que cambiará en medio del poco tiempo compartido. Al comenzar a implementar las indicaciones en el hogar, es notable el viraje en la conducta infantil.
 
Recuerda Lozada, el mensaje de un pedíatra psicólogo cuando aseguraba que una nalgada a tiempo es el mejor remedio. Cree que  para resolver una situación, en ese momento, quizás puede ser bueno, porque se trata de detener algo. El niño está fastidiando y al darle la nalgada cesó la conducta, pero no se corrige nada, sino remediando algo en ese instante y lo hará otra vez, hasta repetir la nalgada, mientras que el objetivo es que cada vez más cese esa conducta.
 
El clásico ejemplo es el niño tirado en el piso con un berrinche, a quien los padres lo levantan con una nalgada. Se ha estudiado y visto que la mejor forma de corregir esa conducta es ignorándola. Lo aconsejable es que los padres se retiren del “escenario”. Recuerden el dicho, “los actores que no tienen público no continúan la obra”. Al retirarse del escenario del conflicto puede que el niño llore una media hora, mientras los padres ignoran lo que él dice, y cuando se calle, van donde él para hablar de manera civilizada buscando entendimiento, para que comience a asociar que con esa actitud no conseguirá nada, ni tendrá la atención de los padres.
 
Como explica la especialista, “los problemas de conducta son manejables, controlables si nos proponemos a hacer los cambios necesarios con las “herramientas” suministradas en la consulta para alcanzar el éxito. Los padres han de ser constantes y sistemáticos en la acción para obtener el cambio en la conducta y no abandonar la conducta hasta lograr el objetivo. Conducta que no se refuerza, se extingue. Si no refuerzan lo positivo, tiende a desaparecer la buena conducta. 
 
Una nalgada a tiempo es un refuerzo negativo porque mantiene el berrinche y agresión genera agresión. Si golpean al niño le enseñan violencia. Es bueno llevar al niño a un diálogo sencillo, sin muchas razones, pues a esa edad no va a razonar en profundidad y apoyarse en formas de preparar  al niño a los actos como bañarse, les fastidia. “Dentro de un cuarto de hora te vas a bañar” y al llegar el momento, “vamos a bañarte”. Sin decirle muchas veces y cuando lanzas el grito es cuando obedece y se baña. No lleguen a ese límite porque notará la irritación del adulto y surgen situaciones de conflicto perjudiciales para ambas partes. Eviten enfrentamientos con el niño, de tú a tú, porque el adulto ganará siempre gracias a su poder y él lo siente.
 
Aprendan a negociar, sin convertir la relación en un eterno negocio. Disminuyan el esfuerzo material (regalos) para optimizar el esfuerzo social (besos, caricias, abrazos), paralelamente, y así mantienen el verbal.
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