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Un Mundo donde no puede haber diálogo con la Muerte
y sus emisarios
No hay espacios ya para la amplitud. Ellos marcaron las reglas de un juego perverso: O sobrevive el respeto a la Libertad, a la Vida, a la Condición Humana, a la Democracia, o éste será tierra de bestias, planeta de enfermos mentales de manos ensangrentadas y corazones atrapados por el odio, la rabia y el resentimiento.
Después del 11 de septiembre de 2001, un planeta se ha dividido. Estamos los del bando de los seres humanos, de los racionales, los demócratas, y están ellos: Las bestias, los asesinos, los anormales.  No hay diálogo con ellos, ni tampoco cuartel. Pretender que podremos cambiarles, sólo traerá más muerte y horror.
 
Y tampoco podremos continuar tolerando los discursos sembradores de odio de los que se han creído capaces de destruir al mundo libre, y como enviados de un cielo plagado de venganza, bestialidad y rabia, no han hecho más que aliarse a asesinos, defenderles, darle recursos, incendiar almas y fomentar todo movimiento que prometa aplastar un mundo libre y permitirles sus sueños de permanencia sin oposición, sin divergencia, sin libertad para vivir, pensar y actuar.
Hoy, cobardes como son, se rasgan vestiduras, humedecen cínicamente sus ojos, se fotografían donando sangre, hablan de dolor compartido, se apertrechan raudos a tratar de hacer olvidar ataques contra la democracia mundial y amenazas contra el sistema occidental, buscando que no se les cobren las intenciones de incendiar al mundo.
En cadenas nacionales, aparecen como corderos, esos que braman por muerte, venganza y odio. Pasó el tiempo de engaños. Con él también se van las esperanzas de convivencia. O ellos son vencidos, o poco a poco nos matarán a todos.
 
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EL ATENTADO
Jamás debemos olvidar