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11 de septiembre, 2001
 
La Tragedia en New York
 
El crímen
MONSTRUOSO Y REPULSIVO

El espíritu diabólico persigue al mundo libre. Manos perversas llegaron a Nueva York, Washington y Pennsylvania en un intento fallido por  destruír la esencia  democrática. 
Sin embargo, objetivos físicos fueron cumplidos: los ataques al World Trade Center y el Pentágono, símbolos de la libertad, quedaron ahora, sembrados de muerte, así como en Somerset County, al sudoeste de Pittsburgh. 

Imposible describir con precisión el horror que estamos padeciendo en la capital financiera del mundo.  El impacto de los atentados ha generado lo que ya conocemos como el síndrome post-traumático de la tragedia. 
El dolor es incontrolable, y viene unido  a sentimientos de rabia, impotencia,  y la resistencia a creer lo que han presenciado nuestros ojos.
El enemigo es perverso y  cobarde, se esconde del mundo y pretende que la vida continúe sometida a sus delirios. Ellos luchan contra el derecho más elemental a la libre existencia, contra la justicia, la igualdad, lo humanamente legítimo. 

Se ocultan con la protección y el apoyo económico de líderes y figuras políticas  que solo conocen el despotismo. Pero nosotros sabemos quienes son, y los territorios donde se mueven y entrenan.
Miles de víctimas perdieron la vida o quedaron lisiados para siempre, familias enteras sufrieron una desviación imprevista en el rumbo de sus destinos. La nación no solo está de duelo, ha perdido su inocencia, y reconoce amargamente que la historia será dividida en el antes y después del 11 de Septiembre del año 2001.

Esta Guerra es contra Occidente, contra un estilo de vida que protege la libertad, el derecho a la existencia, el respeto, la coexistencia, el libre comercio, el libre pensamiento, la fe religiosa, la filosofía personal de todos y cada unos de los habitantes de las naciones que viven en la democracia.
 
Si bien, percibíamos la amenaza latente de que algo terrible pudiese suceder, este episodio de terror, nos tomó a todos por sorpresa, desprevenidos. ¿Quién podía imaginar la pesadilla?   
¿Quiénes se atreverían a cometer un crimen masivo en la capital norteamericana o en el corazón financiero del mundo? Ya tenemos la respuesta.

Downtown Manhattan se transformó en el infierno, comparado a cualquier zona de Guerra donde la muerte, el llanto y las operaciones de rescate, son sus principales protagonistas. 

Las naciones libres deben entender, ahora más que nunca, que no podemos existir a la sombra del terrorismo, y que los criminales no tienen cabida en este mundo. Deberán ser buscados, encontrados y eliminados de la faz de la tierra, tanto los asesinos como los cómplices, aquellos que patrocinan estos actos de barbarie.
Nueva York de un momento a otro cambió su fisonomía, su aspecto, parte de su identidad, y lo más importante de todo, las vidas de miles de inocentes ciudadanos dignos, respetables, valiosos e insustituibles. La pérdida, más que económica, es moral, espiritual, las víctimas, de incalculable valor, constituyen para nosotros irreparables pérdidas.
Las operaciones de rescate, representan la mejor muestra de unidad nacional, lo que América simboliza para quienes aquí vivimos. 
Con entereza y solidaridad actuamos ante la tragedia de estas proporciones, aunque no sin espanto o angustia, estremecidos de miedo y turbación. 
No es posible evitar repugnancia por esos viles criminales que nos han sumido en tanto dolor tras estos pavorosos episodios que nos dejaron escenarios espeluznantes, siniestros, de total y absoluta locura. 
El universo democrático despierta ahora a una realidad que se ha venido negando sistemáticamente, e ignorando sus alcances. El terrorismo tiene nombre, apellido y nacionalidad, sin embargo, la prensa libre del mundo, lo omite o distorsiona. Y es así como pasamos de la gran antesala: el circo de Durbán, al Pentágono,  a las Torres Gemelas de Nueva York o a Pennsylvania. 
Dura lección ésta, o como queramos llamarla, señal de alarma o llamado de la justicia. El odio existe, la intolerancia racial persiste, cánceres sociales que de no extirparse a tiempo, se extenderán a lo largo y ancho de la tierra para acabar con toda forma de vida.  
 
Sylvia Benzaquén
New York
E-mail address: Sylviab1279@cs.com
 
 
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"El 11 de septiembre de 2001"
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