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El día después:

Buscar sobrevivientes
y encontrar culpables

El escozor del dolor se siente como una herida visible, que sin querer estamos constantemente rozando. Y es que tenemos las visiones dantescas aun en la retina...y además la televisión sigue repitiéndolas.
En nuestro encuentro con los demás, cuando nos topamos en los medios de transporte, en la calle o en el trabajo casi no decimos nada. No se necesita. Aunque seguimos haciendo nuestro trabajo de todos los días, la mirada se va hacia la televisión, que en sus numerosas pantallas conectadas a los diversos canales, se sigue mostrando, una y otra vez, lo que creíamos imposible.

Lo ocurrido ayer pareciera ser fruto de alguna calenturienta mente de Hollywood... especialmente la increíble escena de la gente que huye en Nueva York, ante el desplome de las torres... perseguida por gigantescas nubes de polvo... como si un monstruo sin cara y sin cuerpo persiguiera
sus vidas.
En realidad es un monstruo... y todos sabemos su nombre. Un ser amorfo pero con rasgos, complaciente ahora. Por mucho tiempo retirado en un refugio de tierras amigas, quien sigue sonriendo por la proeza de haber atacado en su corazón a los dos símbolos más representativos de la mayor potencia del mundo. Plasmó este monstruo su mensaje en humo, con miles de cadáveres, con miles de heridos y con  una nación que trata de comprender lo ocurrido.

Desde la ventana de mi oficina miro hacia afuera y es un día con un cielo esplendoroso. No debería ser así,  debería estar cubierto con el manto gris de nuestro dolor, pero el sol brilla y seguimos viviendo.

No nos tocó la hora. El destino no quiso acortar el frágil hilo de nuestra vida. 

La VOA (Voice of America) está a cuatro cuadras del resplandeciente Capitolio, otro de los blancos de los ataques terroristas de ayer, que por alguna razón (que quizás nunca sabremos) fracasó de llevarse a cabo. El avión que debía derribar el símbolo del poder legislativo de los Estados Unidos cayó en el estado de Pennsylvania, pero varios analistas dicen que su destino era el edificio del Congreso.
Se dice que el otro avión, que cayó en el Pentágono, en realidad debía estrellarse contra la Casa Blanca. Y se habla de otros casi cien lugares estratégicos de los Estados Unidos que habrían estado señalados en el mapa de destrucción.

Desde mi ventana veo las barreras de concreto colocadas frente a los edificios federales que conforman el llamado Mall, el paseo que recorre el centro de la ciudad, con sus espejos de agua, sus monumentos a Washington, Lincoln, Jefferson, Corea, Viet Nam. Miro sus museos a ambos costados del paseo, la Casa Blanca y su final desembocando frente al Congreso, cuya belleza fue copiada incluso por los arquitectos cubanos en el pasado.
Contemplo las barreras de concreto, que con ingenuidad los amantes de los jardines han tratado de camuflar para que no se vean tan feas como enormes macetas de plantas, que hoy florecen con los colores del verano. Perdonen, pero estas barreras para prevenir ataques por tierra como el edificio federal de Oklahoma, se ven como ingenuos bloques de juguete frente a la perversidad de los ataques de los aviones secuestrados. Lo que se pensó que podría llegar por tierra llego por aire...
Bajo que inmensa campaña de seguridad, a prueba de terrorismo, vamos a tener que refugiarnos ante los enemigos que odian a Estados Unidos?
Los terroristas, con ese odio denso como una ponzoña, con esa  mezcla de rencor y animosidad provocada por la envidia ante la prosperidad (si no porque tanto quieres emigrar a USA). Odio diabólico de ver a Estados Unidos y sus aliados con las manos en el timón para que las naciones del mundo libre puedan ser defendidas y protegidas en sus derechos a ser libres.

Con esa libertad, gracias a la democracia, podremos equivocarnos en las mesas de votación, pero sabemos que podremos rectificar en una nueva elección.

Piensen, hoy Estados Unidos necesita la ayuda de ustedes, las naciones libres, justamente para que ese monstruo no las ataque, como lo hizo el martes 11 de septiembre con nosotros. En realidad el ataque fue hace sólo 24 horas, pero este día lo sentimos como una eternidad sobre los hombros y el corazón.

Por Angélica Mora
angelicamorabeals@yahoo.com
EL ATENTADO
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