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- Como un angustiado profesional
que encontró además tiempo para escribir las 314 páginas de
"América y Fidel Castro", Américo Martín vuelve a ser
ese analista de la praxis para quien el fragor de la teoría no es
impedimento sino estímulo para interrogar la realidad.
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- Lo demostró en Marcuse y
Venezuela, El Estado soy yo Los peces gordos, y El Gran Viraje,
libros de época, es verdad, quizás de moda, astrológicos, de
anticipación, pero que si merecen rescatarse por algo es porque
pueden regresarnos a capítulos del tratado aún no escrito, pero
presentido, de Américo Martín y sus días.
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- Como es este América y Fidel
Castro, escriturado en el taller en que las noticias que vienen de
Caracas podrían ser iguales, o parecidas, a las que llegaron de
La Habana hace 40 años, y por tanto, ideales para la reflexión
de un artista que se sumergió y está sumergido en unas y otras.
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- Entonces, como ahora, Américo
Martín buscaba el camino, trataba de establecer en la praxis
algunas de las líneas maestras del comportamiento del fenómeno
histórico y político latinoamericano.
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