\n'; document.write(barra); } } changePage();
![]()
|
por Carlos Alberto Montaner |
![]() |
|
![]() |
A casi ninguna mujer le gusta irse a la cama con un desconocido. Es muy difícil de creer que esas muchachitas abrazadas con europeos calvos y barrigones, con canadienses o latinoamericanos que podían ser sus abuelos, o con cubanos del exterior, viejos pero adinerados, que viajan a la Isla en busca de sexo, se entregan por deseo, por amor o por disfrutar de aventuras. Lo hacen, como todas las prostitutas del mundo, por necesidad. Lo hacen para llevarles alimentos o ciertas comodidades a sus familiares. Lo hacen para tener ellas mismas una existencia materialmente digna, aunque terminen emocionalmente destrozadas. |
|
|
La coartada del régimen es que el jineterismo cubano es una consecuencia de las tentaciones capitalistas que trae el turismo, actividad que el país se ve obligado a aceptar para aliviar la crisis económica. Pero esa es una descarada falsedad. Mallorca es una isla española por la que pasan veinte millones de turistas todos los años, y es, simultáneamente, uno de los lugares de España más ricos y con menor índice de prostitución y enfermedades venéreas. Lo que provoca la prostitución en Cuba es la estúpida organización económica y social introducida por los comunistas, culpable de que los jóvenes padezcan una vida miserable y carezcan de esperanzas e ilusiones. |
|
|
Vuelva a Opiniones