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A.E.I.O.U.
 
Joerg Hitler o Adolfo Haider
Esp. para "Mujeres del Tercer Milenio"                               
por: Alfredo Coronil Hartmann
 
UN NADA OCIOSO PASEO HISTÓRICO:
 
La aparentemente inocente enumeración de las vocales que abre esta segunda “Plomada”, no lo es tanto, cuando uno de los primeros Habsburgo hizo grabar estas letras sobre su sarcófago en Viena, tenían un sentido bien concreto: Austria Est Imperare Orbe Universo ¡cualquier chuchería!, como diría coloquialmente el Dr. Uslar Pietri. 
También en latín –no olvidemos que ostentaron el título por varios siglos hasta que Napoleón Bonaparte lo eliminó como quien se cambia de casaca- eran Emperadores de esa cuádruple entelequia denominada en forma grandilocuente: Sacro Imperio Romano Germánico (y que no era ninguna de las cuatro cosas) afirmaban: “Austriae Caput Mundi”. No obstante ambas afirmaciones reflejarían las soterradas ambiciones de los monarcas que las acuñaron, mas no el carácter nacional de esa alargada lengua de tierra que es la Östmark –la marca del este- del antiguo Imperio Romano –el de verdad-, en el cual Vindobonna (la actual Viena) no era más que una pequeña aldea al lado de una rústica fortificación militar.
 Sin embargo lo lograron, hicieron de un pequeño  y pobre Archiducado, por mucho tiempo “la cabeza del Mundo” y si no dominaron “el orbe universo” al menos dictaron la pauta al hemisferio occidental y edificaron su imperio de la forma más pacifica, práctica  y “romántica”, con un pueblo musical y alegre y muy abierto hacia las poblaciones periféricas: checos,  eslovacos, húngaros, rumanos, bohemios, italianos y bávaros, un imperio que duró la friolera de 600 años y que costó muy pocos tiros y sangre. 
 
Maximiliano I solía reírse de las guerras y conquistas de otros monarcas europeos y afirmaba: “dejen que otros combatan y se debiliten, Austria feliz se casa”. Fueron en efecto los mayores y más exitosos casamenteros que registre la Historia.
 En un tiempo su dominio nos incluyó a nosotros, cuando el nieto de Maximiliano I, pasó a ser Carlos V de “Alemania” y Carlos I de España, hijo de Felipe “el hermoso” y de doña Juana “la loca” hija unigénita de los Reyes Católicos, heredando unos territorios “en los que jamás se ponía el sol”.
Los austríacos son germanos –como los francos y los galos, base del pueblo francés- pero son muy poco alemanes, si es que estos existen como no sea como el gentilicio de un grupo de tribus germánicas –una de ellas se denominaba antiguamente: los “Alamanes”- que gracias a la miopía de Wilson, Lloyd George y hasta del propio Clemanceau, pasaron de la noche a la mañana desde sus principados independientes a integrar una nación que no tenía en común sino la lengua, pero de características socioculturales y religiosas muy diferenciadas. 
 
Un prusiano (reales conquistadores de Alemania) tiene tanto que ver con un bávaro, como un sueco y un andaluz y si son los renanos se sentían más franceses, en aquella época, que alemanes. Así por una sangrienta ironía del destino fueron las potencias vencedoras aliadas de la guerra de 1914-18 las que impusieron la unidad alemana, que no habían logrado Federico el Grande en el siglo XVIII, ni el príncipe de Bismarck, con su Imperio Alemán, proclamado en 1870, cuando al rey de Prusia Guillermo I le fue impuesta la corona imperial por el rey de Baviera en representación de los príncipes y reyes concurrentes (Würtemberg, Sajonia, Brandenburgo, Weimar, etc.) lo que venía a constituir en realidad una confederación de reinos independientes, principados soberanos y ciudades libres.
 
Los austríacos en particular son sensibles, musicales, refinados, cosmopolitas. No por azar Adolfo Hitler para llegar a ser Adolfo Hitler, hizo lo primero que tenía que hacer: se hizo alemán. Quizá es lo que debería hacer Haider. La verdad es que ambos son una ofensa no sólo al género humano, sino a la esencia nacional austríaca, de su cultura, de su tradición.
No pienso con esto exculpar los errores y menos los crímenes en que hayan incurrido los austríacos –ni los individuos de cualquier nacionalidad- que se sumaron al III Reich. Austria se tambaleaba en un proceso de búsqueda de una nueva organización societal, después que los aliados de la I Guerra cometieron el gravísimo error histórico de borrar de un plumazo al Imperio Austro-Hungaro,  el gran árbitro de la Europa Central (como lo constatamos a diario viendo los traumas y guerras que asolan a sus antiguos dominios y a los Balcanes). 
 
Esa república a medio hacer fue engullida por la Alemania nazi y su sueño pangermánico, fueron arrastrados en el estercolero del psicópata hipnotizador.
Pero al parecer nuestro personaje el Sr.Haider ignora la historia de su patria, ignora que por siglos Prusia fue su enemigo histórico y depredador constante, ignora que fue a punta de inteligencia y astucia que en tiempos irrepetibles y distintísimos al presente que los Habsburgo lograron tejer su tela de araña con intrigas palaciegas y conspiraciones de alcoba, huérfanos como estaban de poder material, Austria es un país que siempre pesará en Europa, por su historia y su cultura, tienen además un moderno aparato industrial y avanzada tecnología, nada más. Sólo podría empujarlos a alguna salida más cómica que dramática el que se empecinen en ver a Haider como líder y sean aislados de la UE, sería una tragedia, los creo demasiado serios para cometerla.
 
¿POR QUÉ LOS ALEMANES SON TAN ALEMANES?
 
Decía al comienzo de este trabajo, que el paseo histórico –sin pretensión alguna de pontificar- no era ocioso y no lo es, porque en un tiempo en el cual, lamentablemente, muy poca gente lee historia, algunos fenómenos resultan incomprensibles sin conocer los antecedentes y el entorno en el cual se desenvolvieron como núcleo social. Por ejemplo existe la idea bastante generalizada de que el “pueblo alemán” posee un afán intrínseco de dominación de los otros pueblos, un sentimiento de frustración por la dominación mundial: es cierto. Pero además de cierto es explicable y perfectamente comprensible desde una óptica histórica. 
 
El antes aludido Sacro Imperio Romano Germánico no era más que una confederación de “grandes electores” que designaban por mayoría de votos al titular de la corona. Los votos los compraban, bien sabemos que Venezuela fue el precio del préstamo que le hicieran los Belzares o Welseer a Carlos de Habsburgo para asegurar su elección, a la cual concurría también Francisco de Valois, rey de Francia y el rey de Inglaterra. Pasada la elección el poder del emperador era virtualmente nominal y cada pequeño monarca alemán giraba en el núcleo de poder que tuviese más cerca o que temiera más. Particularmente Francia abusó secularmente de esa división que amamantó y protegió hasta llegar al extremo de mantenerlos peleando  TREINTA años, lo curioso es que en esa guerra religiosa la “Hija primogénita de la Iglesia”, con su “rey cristianísimo” Luis XIII, su primer ministro el Cardenal Richelieu y su ministro de relaciones exteriores el reverendo padre José de París (había sido el Barón de Mafliers en la vida seglar) con todo y aquella “Gesta Dei per Francos” –la lucha de Dios a través de los franceses- apoyaban... ¡A los protestantes! . No olvidemos que en esa época que muchos soñamos romántica el Cardenal y Duque de Richelieu acuñó la frase aún vigente: la razón de Estado.
 
España tuvo su imponente hegemonía, Francia su siglo de Luis XIV, Inglaterra su jugoso imperio, Austria ese pobre apéndice oriental de habla germana seis siglos de imperio al igual que Turquía, y Alemania... dos cortos lapsos de predominio y un insignificante imperio colonial 1870-1914 y un Reich que no se afianzó como poder mundial sino en 1938-39 hasta la derrota en 1945. Es que no han sido nunca, las fanfarrias y el paso de ganso no compensan la realidad histórica.
 
HAIDER TRASNOCHADO Y ABERRANTE 
¿PERO PELIGROSO?
 
El tema ha despertado como es lógico comentarios indignados en el mundo entero, quiero referirme a dos de ellos que atraparon mi atención, el de Eleonora Bruzual en El Universal de Caracas y en este web magazine y el de Ramón Mestre en El Nuevo Herald de Miami, Florida. Aunque vengo siguiendo con interés la “evolución” de Haider y poseo en mi biblioteca y hemeroteca algún material interesante –encontrándome fuera del país en el momento de hacer este trabajo no está a mi alcance- y con frecuencia no deseable me veo obligado a citar de memoria algún pasaje, perdónenme ustedes. Eleonora Bruzual en su excelente artículo llama la atención sobre un punto grave y decidor que yo ignoraba, por ejemplo la afirmación de Haider: “...el Waffen S.S. era una parte de la Wehrmaht (ejército alemán) y merece todos los honores y el respeto de un ejército”. Nada más falso, los oficiales alemanes de carrera sentían desprecio profundo por las SS a las que sólo toleraban por miedo. 
El mejor ejemplo es Reinhard Heydrich, segundo en la cadena de mando después de Himmler, en las Waffen SS y quien tiene el “honor” de ser el autor de “La solución final”,

se había inscrito en su primera juventud como aspirante a la Escuela Militar y no calificó, hecho que lo marcó de manera indeleble, de allí explican algunos de sus biógrafos algunas peculiaridades de su carácter. Por otra parte ningún ejército del mundo ve con simpatía la creación de fuerzas para-militares.

 
En el interesante artículo de Ramón Mestre (18-02-2000), plantea un aspecto de muy significativa importancia en el momento en el cual se están dando en América Latina circunstancias potencialmente más peligrosas que las de Austria. El cita, desde luego, con toda razón, el tartufismo de aquellos países que comercian e invierten en la Cuba de Castro, atroz dictadura jurásica que ofende al mundo civilizado y comparto plenamente su posición, pero no es posible pasar por alto que en Venezuela se está estableciendo ante los ojos embobalicados de las grandes democracias occidentales un régimen fascista, que no es más que una dictadura “constitucional” o si se quiere plebiscitaria, pero que acabó con el equilibrio de poderes y con toda posibilidad de control sobre el ejecutivo, al tiempo que mantiene turbias y peligrosas relaciones con la narco-guerrilla colombiana, los movimientos indígenas del Ecuador y el Foro de Sao Paulo, todo ello con la asesoría y el patronazgo intelectual de Fidel Castro. 
 
Podemos estar asistiendo al nacimiento del primer narco-estado del planeta y nadie hace nada.
La democracia no es sólo la elección popular, es un conjunto de valores y un sistema de contrapesos que garantice el equilibrio social, si creemos lo contrario habría que considerar a Hitler un gran demócrata. 
 
Mucho se ha escrito sobre la materia, pero deseo concluir ya, Dolf Sterberger, autor del libro “Fundamento y abismo del poder” hace una acotación que considero válida y comparto plenamente: “Ese interrogante (la supuesta legitimidad comicial de Hitler) no es meramente un asunto de la historiografía o la autoreflexión alemanas. 
 
Ese interrogante cava más hondo, porque puede conmover los cimientos de toda la conciencia de legitimidad en occidente. Podemos concluir en que el poder de Hitler ha de ser reconocido por su legitimidad democrática, o bien que la elección libre, atendiendo a que puede conducir tan terriblemente al error, no puede fundamentar o, por lo menos, no fundamentar necesariamente y en todos los casos al gobierno legítimo... ni siquiera la mayoría absoluta de sufragios hubiera cambiado en nada la ilegalidad objetiva del régimen de Hitler”.
 
Alfredo Coronil Hartmann
ACORONIL@prodigy.net
 

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