adolescenteslistos
Caracas, marzo 2001

ADOLESCENTES LISTOS 
PARA SUPERAR 
LOS RIESGOS
Informa: Blanca García Bocaranda
Los peligros que deben enfrentar a diario los jóvenes nos llevan a capitalizar los factores de protección para nuestros hijos y capitalizar el desarrollo del adolescente resiliente. Los pilares básicos de la resiliencia están en la familia y en el propio adolescente.
 
El medio ambiente que rodea a la familia venezolana supera con creces a la imaginación torcida de cualquier autor de obras de ficción, siendo más aterradora la realidad donde se desenvuelven nuestros hijos adolescentes , sobre todo si consideramos las variables que propician esta situación de riesgo, las cuales son de una magnitud mayor a la que, tal vez, nosotros enfrentamos durante la casi olvidada adolescencia, además de condiciones que no sólo son novedosas para ellos, sino para sus padres y representantes, con lo cual ya son, particularmente, difíciles de manejar.
 
El término “resiliente” corresponde a una denominación utilizada para caracterizar la capacidad de adaptación de determinados materiales en circunstancias extremas. Este concepto trasladado a las ciencias de la salud, se utiliza para referirse al potencial de adaptación y superación del ser humano antes las diversas situaciones de riesgo que enfrenta a lo largo de la vida. Así lo explica, el doctor Ricardo Montiel Parra, médico de adolescentes del Centro Médico Docente La Trinidad, para quien el adolescente resiliente del siglo XXI es capaz de identificar a tiempo las situaciones de riesgo que se le presentan día a día y utilizar, efectivamente, las herramientas, o factores de protección a su disposición, para no sólo adaptarse, adecuadamente, a las mismas, sino superarlas a fin de sacar provecho de ellas. Es el adolescente consciente de los riesgos que enfrenta y, evaluado sus fortalezas y debilidades, establece las potenciales estrategias favorables en determinado momento. Es el adolescente con múltiples planes de acción efectivos para superar la realidad que enfrenta.
¿Esto sería como criar a un adolescente paranoico - asustado, por estar pendiente de todo lo que sucede a su alrededor? Estaría limitado para disfrutar de su juventud por hecho de estar angustiado por lo que le podría pasar?  
Si el rol más importante de nuestra vida es ser padres y en el desempeño del mismo la meta fundamental es educar y facilitar el desarrollo integral de nuestros hijos, yo les pregunto: - hoy, no preferirían criar un adolescente consciente de su vulnerabilidad ante una realidad que le ofrece múltiples oportunidades de cambiar drásticamente su proyecto de vida, por un adolescente que cambia su creencia de omnipotencia personal, “eso no me va a pasar a mi”...por un concepto claro sobre las posibilidades de protagonizar cualquiera de las historias de terror que oímos a diario, y que por esta razón está preparado para cualquier eventualidad? Yo estoy seguro que la respuesta sería, por supuesto que si!
 

FINAL FELIZ

Es cierto que estaríamos utilizando la variable miedo, que preferiría llamar “consciencia de la realidad” para establecer la propia vulnerabilidad, y que por supuesto, esta táctica podría retrucarnos y hacer que ellos nieguen aún más su realidad reforzando su condición innata de creerse omnipotentes. 
La forma de disminuir la posibilidad de tal situación es utilizar, simultáneamente, al concepto de vulnerabilidad individual, el de poder personal. Es decir, cada adolescente es capaz de desarrollar sus propias herramientas para enfrentar esos riesgos y así adquirir el poder de manejar con éxito las mismas para salir airoso al final de la historia.

 Un adolescente le comentaba a Montiel Parra en su consulta, “significa que si me conecto con mi  fuerza interior, como los caballeros JEDI (refiriéndose a la Guerra de las Galaxias) tengo mejores chances de resolver mis cosas...” si, es algo así como que tienes la “fuerza” para usarla bien.
 
¿Por qué el énfasis en este concepto y por qué ahora?
 
Esto no es nada nuevo, sin embargo los expertos coinciden en que el proceso de identificación de los “factores de riesgo”, tiene que complementarse, necesariamente, con la identificación de “factores de protección” y es ahora cuando el énfasis en estos últimos es más importante. 
Las razones son conocidas por todos, pues incluyendo a los propios adolescentes, estamos cansados de oír sobre los riesgos que enfrenta este grupo etáreo de la población, como son: inicio a destiempo de la actividad sexual, uso/abuso de las drogas, violencia, etc. por nombrar algunos de los factores de riesgo más populares y sus potenciales consecuencias, pero aún más grave es el hecho que dichos problemas lejos de resolverse, aumentan progresivamente con el paso del tiempo.  

Estudios recientes sobre el reforzamiento de factores de protección en poblaciones de adolescentes en riesgo arrojan resultados bastante optimistas. Se trata de programas cuyo objetivo está focalizado en atender las diferentes situaciones que, potencialmente, podrían influir en modificar de forma positiva el curso de vida de adolescentes de alto riesgo. Detalles como la retoma de los valores familiares, el regreso de los valores religiosos, la disponibilidad de espacios físicos que ofrezcan, no sólo seguridad, sino estímulo para el crecimiento personal y desarrollo de actividades recreacionales, la presencia de adultos significativos (mentores) con rol de orientadores y el reforzamiento del rol del adolescente como indispensable para lograr cambios favorables tanto para él, como para su comunidad han sido claves en la modificación y superación de los riesgos que enfrenta este grupo de edad, es decir, han sido determinantes para desarrollar adolescentes resilientes.
 
¿Esta sería la solución posible para los problemas que enfrenta el adolescente venezolano y de los que tanto se habla en medios gubernamentales y privados?
 
Definitivamente, si. Las poblaciones donde hemos llevado a cabo programas como éstos muestran innumerables puntos de coincidencia con la nuestra, pero sin teorizar tanto, puedo demostrar, a nivel local, los cambios concretos evidenciables en grupos de adolescentes que han vencido situaciones de alto riesgo. La Clínica de Adolescentes del Centro Médico Docente La Trinidad desde hace más de un año realiza programas de capacitación de adolescentes en áreas de riesgo, no sólo a través del suministro de información específica sobre las mismas a fin de facilitar su identificación temprana y establecer su vulnerabilidad individual, sino también mediante el desarrollo de herramientas necesarias para vencerlas, como: poder personal, asertividad, capacidad de negociación, capacidad de solución de problemas, etc. Vale la pena mencionar que este tipo de intervenciones no incluye sólo a los adolescentes, sino a sus padres y representantes como instrumentos básicos para la supervivencia de sus hijos.
 
Es cierto que nuestros resultados podrían catalogarse como “anecdóticos”, pero son los mismos que otros investigadores, en otros destinos del mundo, en poblaciones similares han encontrado y eso, en mi libro, se traduce como una luz al final del túnel.
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