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De estar aún vivo, ¿qué diría Alí de un gobierno
que, electo con un inmenso apoyo popular y el respaldo de un país
hastiado de tanta corrupción y malas administraciones, haya degenerado
en un autoritarismo cada vez más acentuado, con constantes amenazas a
los medios y a los periodistas y, lo que es peor, con una gestión
signada por la ineficiencia y amparando nuevos casos de corrupción y
malos manejos administrativos? ¿Habría dejado que lo utilizaran como un
tonto útil? Por supuesto que no, pues un hombre con su sentido de la
solidaridad y su nobleza de alma, jamás hubiese permitido una
manipulación tan falaz de su figura y de sus canciones, por parte de
quienes en el ejercicio gubernamental manifiestan intolerancia hacia la
más mínima crítica, por muy constructiva que sea, e incapacidad
manifiesta para resolver los grandes males nacionales, como la
inseguridad y el desempleo, entre muchos otros, ahora más acentuados que
en los tan socorridos "40 años de cúpulas podridas".
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